Escritos: Team Perseus – Riddle from Venus (Capítulo 3)

Capítulo 3

Año 3999. Planeta Tierra: Academia Militar. Apartamentos del personal

El apartamento de Kyros Dolan se encontraba en la azotea del edificio más alto dentro del complejo de la Academia Militar. Era una localización privilegiada para una persona que ocupaba un puesto destacado en la jerarquía militar de la República Terrestre. Era el Director de la Academia, al menos por un puñado de horas más. El Teniente Coronel iba a dejar los lujos de los que disfrutaba en la Tierra y se iba a lanzar a la aventura como líder del Team Scorpius del Proyecto Nebula.

En cuanto se enteró de la organización de aquellos equipos de exploración, se puso en contacto con el General Yale para comunicarle su deseo de participar en el programa. Arthur aceptó de inmediato y Kyros se convirtió en una pieza clave para el desarrollo del proyecto proponiendo ideas y seleccionando perfiles. Esa misma noche, anunciaría en la gala su cese como Directo de la Academia y se convertiría en la cara pública del Proyecto Nebula.

La única pega que encontraba a su nuevo puesto era lo alejado que se iba a encontrar de la persona que, con el paso de los años, había pasado de ser amiga a algo mucho más íntimo y personal. Pero el Proyecto Nebula era algo que sólo ocurría una vez en la vida y no podía (no debía) desaprovechar esa oportunidad. Aunque teniendo en cuenta lo épica que estaba siendo la despedida, a Kyros no le hubiese importado repetir todos los años.

La luz de su habitación insonorizada estaba reducida hasta crear un atmósfera tenue y agradable, con varias velas aromáticas encendidas a lo largo de la misma. A lo largo del suelo de madera sintética, varias prendas de ropa estaban abandonadas sin ton ni son. Las sábanas de la cama estaban hechas un churro que colgaba de un lateral. Sobre el colchón dos cuerpos desnudos se relajaban uno encima del otro tras el clímax de sus actos. Era la segunda vez que habían tocado el cielo esa tarde, pero Kyros no quería despegarse de ella.

Aprovechando que su compañera estaba totalmente acomodada encima de él, se dedicó a besarle los hombros. Sus labios trazaron un camino que pasaba por el cuello y terminaba en los labios de ella, dedicándola un beso largo y profundo para que no se olvidase de Kyros con facilidad. El todavía Director de la Academia envolvió en un abrazo a su novia y, con mucho cuidado, colocó a ambos en posición sentada mirándose cara a cara. El cabecero de la cama parecía estar congelado en contraste con su acalorada piel, pero en aquellos momentos sólo tenía pensamientos para ella y el resto no quedaba registrado.

– Voy a echarte de menos, Director Dolan.
– Yo a ti también, Cadete Fairburn.

Lilian y Kyros se conocieron en un campamento de verano cuando ella tenía ocho años y él acababa de cumplir los trece. Ambos habían quebrado alguna norma de sus respectivos grupos y se encontraban apartados en la cabaña de aislamiento. Tras un día sin tener otra cosa que hacer, se habían llegado a conocer bastante bien y mantuvieron el contacto tras el final de las vacaciones. Para cuando Kyros entró en la Academia Militar cinco años después, ya se habían convertido en mejores amigos. Así que a nadie le sorprendió que Lilian siguiera sus mismos pasos varios años después.

Por aquel entonces, Kyros acababa de graduarse y realizaba tareas de mantenimiento en los archivos de la Academia. Comenzaron a verse más a menudo y, poco a poco, la amistad mutó en un romance. Decidieron mantener su relación en secreto, aunque el ejército hacía siglos que no prohibía las relaciones personales entre sus integrantes.

Tras un corto periodo en los archivos, Kyros fue reclutado para participar en la guerra contra Kagmar como piloto de combate. Tras varias exitosas batallas y habiendo escalado con rapidez hasta el rango de Teniente Coronel, se le ofreció el puesto de Director de la Academia. Aunque era demasiado joven para encadenarse a una tarea así, la posibilidad de volver a estar cerca de Lilian hizo que no se lo pensase demasiado.

Ya en esa época, los problemas de su novia con la autoridad del lugar eran innegables. Pero gracias a su nueva posición, pudo evitar que la expulsaran. Convenció a todo el que ponía en duda sus decisiones de que Lilian se podría convertir en un buen soldado, aunque con el paso del tiempo hasta el propio Kyros comenzó a dudar de sus palabras.

En cuanto consiguió meter mano en el Proyecto Nebula, movió hilos para recomendar a su novia para uno de los equipos. Quería probar la teoría de que una temporada en misiones reales y alejada de las distracciones de la Academia haría maravillas para enderezar su actitud. Aún así, tenía que luchar contra cada molécula de su cuerpo para no cambiar de idea y alistar a Lilian en el Team Scorpius.

– Estamos a una llamada de distancia -dijo Kyros acercándose más a ella.
– Una que sólo podrás realizar tú -Lilian puso pucheros fingidos.

Kyros no pudo aguantarse las ganas de morder suavemente el labio inferior de Lilian al hacer esa mueca tan infantil. Tras provocar un pequeño gruñido en su novia, se dejó agarrar de su húmedo pelo debido al sudor y se dieron un beso aún más pasional que el anterior. Uno que luchaba contra la acción vital de respirar y que ponía en grave peligro la integridad de sus labios. Menos mal que en aquella época existían tratamientos con nanorobots que les dejarían como nuevos o en la ceremonia de esa noche iban a parecer dos adolescentes que han pasado demasiado tiempo besuqueándose.

Esperaba que las cámaras consiguiesen captar el brillo que los ojos de Kyros tenían en ese momento, pues con ello iban a conseguir un par de décimas más de audiencia. Aunque el Teniente Coronel rechazase la idea, Lilian sabía que una de las principales razones de que le ofreciesen el puesto como Director de la Academia era su buen físico y belleza. El reality show que se grababa en la Academia lleva años bajando de audiencia, pero con la llegada de Kyros la tendencia se había invertido. No sólo eso, si no que en aquella época era uno de los programas más seguidos de toda la NCP.

Kyros no sólo lucía bien delante de las cámaras. También sabía ofrecer las dosis justa de seriedad, sentido del humor e inocente coqueteo que atraía en masa a millones de espectadores cada semana. El canal especial con emisión ininterrumpida de la UniRed dedicado a la Academia también había conseguido aumentar su número de abonados en un 400% desde la llegada de Dolan. El público le adoraba y provocaba la histeria colectiva allí donde iba. El hecho de que en su comparecencias públicas no abandonase su perfecta y blanca sonrisa le había concedido el título de “Director Sonrisa” entre sus incontables fans.

Si Lilian no supiese que sólo tenía ojos para ella, los celos habrían roto su relación hace mucho tiempo. Al fin y al cabo, Kyros estaba en todas las listas de los solteros más codiciados y los comentarios en blogs, foros y redes sociales de la UniRed eran cada vez más explícitos. La cadete Fairburn hacía tiempo que había aceptado estar saliendo con la fantasía sexual de muchos habitantes de la NCP.

– Te llamaré todos los días -aseguró Kyros.
– Si no lo haces me preocuparé.
– Si no tienes noticias mías, me buscarás, ¿verdad?

Lilian frunció el ceño ante la repentina seriedad con la que Kyros dijo aquello. Se quedó mirando fijamente a sus ojos, pensando a qué se podría deber ese tono. Finalmente decidió que era simple preocupación por todo el tiempo que iban a estar alejados. Ninguno de los dos se atrevía a decir fechas de reencuentro, pues era más que probable que no se cumpliesen.

– Pues claro que lo haré -dijo Lilian sonriendo- Aunque sería más fácil si tus misiones no estuviesen clasificadas.

Ése era el principal motivo por el que Lilian no podía llamar. El sistema de comunicaciones del Proyecto Nebula exigía conocer el lugar donde estaba localizada la nave en cuestión. Como Kyros era uno de los peces gordos del programa, sabía perfectamente dónde estaría el Team Perseus en cada momento.

– Sé que tienes recursos a tu disposición. Encontrarías la manera.
– No seas tan cenizo. Me estás empezando a preocupar. Déjame cambiar de tema…
– ¿Qué tienes en mente?

Lilian se acercó a su cuello y le dedicó una serie de besos. Era una zona muy sensible de Kyros y enseguida comenzó a gemir de placer. La Cadete pasó su lengua por la zona tratada, sintiendo el regusto amargo que el sudor había dejado a su paso. Cuando se hartó de torturarle, acercó su nariz y aspiró con fuerza.

– Apestas, Kyros.
– No parecía importante hace un momento.
– Estaba apropiadamente motivada.
– Recuperemos ese estado, entonces. Nos quedan muchas horas por delante y tengo planeado seguir apestando a tu lado -dijo sonriendo.
– ¿Pretendías que ese comentario fuese romántico?
– Ajá -dijo Kyros distraídamente mientras volvía a colocar a Lilian en posición tumbada poco a poco.
– La República Terrestre se ha perdido un gran poeta…

Si el comentario de Lilian continuaba no dejó que ni una palabra más saliese de sus labios. Se grabó en su memoria cada segundo de aquel beso, cada zona erógena que disparaba los latidos de la Cadete, cada fragancia que desprendía su cuerpo y cada textura que encontraban sus dedos.

¿Cuándo sería la próxima vez que estarían así? ¿Habría próxima vez? Lilian no sabía toda la verdad sobre las misiones del Team Scorpius. No sabía hasta qué punto estaba poniendo en juego su cuello y la cantidad de personas que irían tras él para hacerse con lo que sabía. No podía estar completamente seguro de que sus planes y objetivos fuesen herméticos. Si había habido alguna fuga… Sólo esperaba que su entrenamiento militar le concediese la ventaja suficiente como para volver a los brazos de Lilian.

Pero todo eso eran preocupaciones para el día de mañana. En ese momento, todo su cuerpo estaba concentrado en hacer el amor a Lilian como si su vida dependiese de ello. El Universo se redujo a la amplitud de aquella cama. Nada existía más allá. El ritmo lento podría haber parecido una tortura en cualquier otra ocasión, pero ese día resultaba agotadoramente perfecto. Sin romper el ritmo de sus caderas, se acercó al oído de Lilian y, entre jadeos, le dijo suavemente:

– Te quiero, Lilian.

Y las lágrimas asaltaron a Kyros Dolan, pues aquellas palabras tenían un regusto muy amargo a despedida.

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