Escritos: Team Perseus – Riddle from Venus (Capítulo 5)

Capítulo 5

Año 4000. Planeta Tierra: Sede de la NCP. Hangar

El holograma que flotaba delante de su cama indicaba que eran poco más de las 6 de la mañana, pero Cameron ya estaba totalmente despejado tumbado encima de las sábanas. Detuvo la reproducción en bucle de las canciones de Steenllar e hizo que los auriculares flotaran hasta su compartimento. No había tenido una de las noches más tranquilas de su vida. En su cabeza seguía dándole vueltas a lo que había pasado con su equipo.

Una vez en frío, creía que su reacción había sido un poco exagerada y tal vez rayando en lo borde, pero ya no podía cambiar lo que estaba hecho. Es más, si no las había juzgado mal, recular en sus palabras lo único que iba a conseguir era que le pisoteasen a la mínima oportunidad. Una cosa estaba clara, era el líder del Team Perseus y eso lo tenían que respetar les gustase o no. Aunque dudaba mucho que pudiese surgir amistad entre ellos, esperaba que al menos pudiesen mantener una relación pacífica.

Al menos el calentón de la noche anterior le había servido para romper el hielo, pues estaba aterrado por el primer encuentro con aquellas cuatro mujeres. Tampoco se le podía culpar, ya que en su vida había mantenido una conversación de más de cuatro palabras con una mujer de su misma especie. Si lo que había leído en páginas de la UniRed era cierto, la psicología femenina era uno de los campos más complejos de aquella época. ¿Cómo pretendían que un mehrano llegase a entender algo?

Por más que intentaba quitarle hierro al asunto, la sensación de que el General Yale se la había jugado no se le quitaba. Pero Cameron no se había rendido jamás en su vida y no iba a empezar ahora. Cierto era que no tenía el equipo perfecto, pero eso no quería decir que no fuesen moldeables. Sólo tenía que procurar ser un poco más simpático durante el proceso. Siempre se había considerado un tipo muy paciente, aunque estaba claro que era porque no se había enfrentado nunca a una situación similar.

Pero seguir lamentándose en la cama no iba a servir de nada, así que se levantó y aclaró la ventana de observación de su cuarto para que entrase luz. Vale, era luz artificial del hangar; pero, teniendo en cuenta que las otras habitaciones no contaban con ese lujo, no iba a quejarse. Otra ventaja de ser el líder era que en su dormitorio contaba con ducha propia. El resto de la tripulación tendría que usar el baño comunitario.

Como todavía era bastante pronto, decidió que ese día era tan bueno como otro cualquiera para recuperar la sana costumbre de salir a correr a primera hora de la mañana. Tenía pensado retomar sus salidas durante el mes de vacaciones, pero al parecer en la Tierra habían prohibido practicar deporte al aire libre. Correr por el hangar no sería tan sano como hacerlo por el campo, pero al menos despejaría un poco la cabeza. Se puso un pantalón corto, una camiseta y unas zapatillas y salió de su habitación.

Toda la nave estaba en perfectas condiciones con un agradable olor a recién estrenada. Su interior era muy simple, pero bastante acogedor. Los pasillos eran anchos y, de vez en cuando, las paredes estaban decoradas con alguna pintura abstracta. Su habitación estaba al final de la Sección C1, tras un recodo. En esa parte de la nave había cuartos para una tripulación de hasta 50 personas, por lo que la mayoría iban a estar vacíos. Al girar en el recodo, se encaró con el largo pasillo que suponía la zona principal de habitaciones. En total había seis y era donde se iban a alojar sus compañeras. En la parte izquierda estaba el baño comunitario, que era muy espacioso y contaba con taquillas individuales para cada uno.

Se alegró al ver que cuatro de las habitaciones estaban ocupadas (un piloto verde en el sistema de apertura indicaba que estaban en uso). No esperaba que su tripulación pasase allí la noche, por lo que sus esperanzas de que todo saliese mejor a partir de entonces aumentaron. Aunque todas las estancias de la nave estaban muy bien insonorizadas, Cameron pasó con cuidado por delante de ellas como si tuviese miedo de despertarlas.

La nave contaba con varias salidas al exterior: la rampa principal, dos puertas para los almacenes, la de los desperdicios y una de emergencia en la cabina. Normalmente, los seres vivos sólo iban a usar la principal, que era a la que se dirigió Cameron para salir a correr. Pero una vez fuera, se dio cuenta de que el hangar no iba a ser el mejor lugar para una actividad deportiva y menos en un día como aquel. Estaba a rebosar de gente que se preparaba para partir, de equipamiento, vehículos de transporte, droides… Iba a ser un peligro intentarlo.

Llevado por la curiosidad, se alejó un poco de su nave para mirar el panorama. Muchas de las personas que iban de un lado para otro llevaban chaquetas del Proyecto Nebula, dirigiéndose a sus respectivas naves o controlando que los suministros llegasen en condiciones. También resultaban inconfundibles los miembros de la WCT, que preparaban su equipamiento para grabar sin parar. De los 88 grupos, sólo una veintena iban a ser totalmente públicos desde el principio. El resto pasaría delante de las cámaras tarde o temprano, pero de momento iban a gozar de más intimidad. Cameron se alegraba de que Team Perseus fuera uno de esos últimos.

También se dio cuenta de que algunos de los equipos que iban a ser seguidos por cámaras automatizadas podrían ser considerados temáticos. Entre ellos estaba Team Cetus, formado por soldados de especies alienígenas que parecían monstruos sacados del folclore de la Tierra. También vio desfilar rumbo a su nave al Team Gemini, que estaba integrado por cuatro hermanas ruugians. Eran cuatrillizas y no había manera alguna de diferenciarlas entre sí. Además, lo hacían todo exactamente a la vez, una peculiaridad que no había pasado por alto la WCT. Y chequeando el trasero de las ruugians con la mirada, estaba el líder del Team Fornax, cuyos miembros eran cinco humanos varones que no llegaban a los 30.

Viendo aquellos grupos, Cameron se preguntó si el suyo también podría considerarse de alguna manera temático. ¿Qué había prevalecido a la hora de organizar el Proyecto Nebula? ¿Las misiones o la audiencia de la WCT? ¿O habían intentado conseguir un equilibrio entre ambas? Sólo el tiempo lo diría. El Sargento nunca había estado interesado en reality shows, pero sentía curiosidad por saber qué tal le iría a esos tres equipos y al resto de los que iban a estar constantemente siendo grabados. Tendría que tomar notas para cuando le tocase al Team Perseus abrir las puertas de su nave.

Tras descartar el hangar, volvió a la Valkyrie (nombre oficial de la nave) para aprovechar su largura y sus anchos pasillos para correr por ella. No era la solución ideal, pero teniendo en cuenta que iba a pasar muchos días en ella, más le valía tener que conformarse. Una vez dentro, cerró la rampa y sacó el reproductor de música de uno de sus bolsillos. Desgraciadamente, Steenllar parecía lo único que su organismo era capaz de asimilar. Sus secuelas de la guerra eran, como mínimo, muy molestas.

Un puñado de estiramientos después, inició por fin el recorrido por la nave a un ritmo suave. Era una buena manera de matar dos pájaros de un tiro: ejercicio e inspección. Todas las secciones de la nave tenían una iluminación tenue, pero cuando pasaba por una en concreto las luces aumentaban en intensidad. Con lo único que tenía que tener cuidado era con los droides de limpieza y mantenimiento que iban en la nave, aunque eran lo suficientemente inteligentes como para apartarse y, algunos de ellos, hasta le saludaban. Subió la escalerilla para cambiar de nivel y adentrarse en la Sección E, donde se alojaban la enfermería y los laboratorios de investigación.

Le habían informado que tanto Karlee como Hazari iban a aprovechar los viajes en el Team Perseus para conducir sus propios proyectos, por lo que se esperaba que algunas de esas habitaciones estuviesen llenas de trastos. En uno de los pasillos notó que la humedad había aumentado y que de una puerta salía una luz verde que no encajaba con el resto de la iluminación. Cameron paró un segundo para asomarse y vio que el inmenso cuarto había sido convertido en una especie de jardín con monitores y otros aparatos haciendo mediciones. ¿Había montado aquello mientras dormía? Lo más probable era que hubiese encargado a algún droide aquella tarea.

Algunas de las plantas eran realmente bonitas y esperaba poder hablar con Karlee para que donase unas cuantas para alegrar las secciones más públicas de la Valkyrie. Aunque ese pensamiento voló de su mente cuando oyó un gruñido a sus pies. Al mirar hacia abajo, vio dos bolas de pelo del tamaño de un balón. Aunque en Mehra no había ninguno, Cameron sabía que eran perros. No tenía ni idea de a qué raza pertenecían, pero parecían tener muy mal genio. Si algo había descubierto durante su mes en la Tierra era que aquellas criaturas le daban pavor.

Intentó retroceder lentamente sin apartar la mirada, pero una vez que alcanzó la puerta salió por patas. Aunque los perros no querían ponérselo fácil y fueron tras él. Cameron maldijo por lo bajo y corrió casi tanto como aquella noche en Kagmar saliendo del monasterio. Nunca se había molestado en leer nada sobre esas criaturas, por lo que tenía que suponer que eran carnívoras y altamente peligrosas. Al menos eso era lo que le gritaba su asustada mente. A pesar de sus cortas patas, eran capaces de mantener el ritmo del Sargento, el cual miraba de vez en cuando hacia atrás para comprobar si seguían tras él.

En una de esas ocasiones, se quedó mirando a los perros más tiempo del que debiera y no vio los obstáculos que tenía justo delante. Se tropezó con varias cajas de equipamiento, perdiendo el equilibrio y cayendo hacia delante a gran velocidad. Chocó contra el suelo torpemente, deslizándose varios metros debido a la inercia. Cameron gruñó dolorido, girándose de inmediato para ver cómo sus perseguidores se echaban sobre él. Rápidamente se tapó la cara con los brazos a la vez que gritaba de una manera no demasiado heroica. Sólo consiguió relajarse al ver que lo único que hacían los perros era lamer la piel que tenía expuesta a la vez que agitaban sus ridículos rabos.

– ¡¡Dejadme en paz!! -exclamó mientras los empujaba.

Consiguió ponerse de pie, prometiéndose consultar el reglamento sobre animales en cuanto volviese a su habitación. Aquella fue la primera bofetada contra su buen humor. La segunda fue ver que cojeaba un poco debido a la caída, por lo que fulminó con la mirada las cajas metálicas que estaban bloqueando el pasillo. Se agachó para consultar una de las etiquetas y apretó la mandíbula al ver el nombre de la propietaria.

– Hazari… como no… Espero que estas cajas no estén llenas de su ridículo tinte rosa…

Aunque sabía de sobra que lo más lógico sería que fuese equipamiento para su laboratorio, en cuya puerta se amontonaba ese desastre. La cuestión era que su propósito para el nuevo día de ser más simpático empezaba a correr peligro. Asegurándose de que los perros se quedaban donde estaban, emprendió el camino de vuelta a su habitación para pegarse una ducha y ponerse el uniforme oficial.

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Tras darse una relajante ducha y repasar el reglamento para ver qué decía sobre animales dentro de la nave, se dirigió al comedor de la Valkyrie. Eran prácticamente las 8 de la mañana, por lo que esperaba que estuviesen levantadas y listas para trabajar. A juzgar por las voces que oía provenientes del comedor, lo primero ya se había cumplido. Cameron se quedó rezagado para escuchar un poco la conversación que tenían sin ser visto. No era la acción más educada del mundo, pero al menos le serviría para ver cómo estaban los ánimos.

– Y yo te digo que no hemos podido tener peor suerte. ¿Quién se cree que es?

El primer comentario de Karlee no apuntaba a nada bueno.

– Es el Team Leader -respondió Hazari con la boca llena.
– Es un borde. Eso es lo que es -opinó Paige.
– Un borde cavernícola que se cree mejor que nosotras -matizó Lilian- ¡¡Y más feo que un topo recién nacido!!

Eso sí que no se lo esperaba. Era la primera vez en toda su vida que una mujer opinaba sobre su aspecto físico. Hasta ese momento ni si quiera Cameron se había preguntado si resultaría atractivo. Aunque con la horrible cicatriz de la cara, consideraba que ese tren ya había partido. Y con la voz que se le había quedado tras su paso por Kagmar… ¿Era repulsivo y no lo sabía?

– Si relajase el ceño sería bien mono -volvió a hablar la arqueólogo con la boca llena.
– No importa -esta vez era Karlee- Aunque fuese un Adonis, no le tocaría ni con un palo.
– ¿No estamos exagerando? -Hazari de nuevo- Acepto que ayer fue bastante cruel, ¿pero no es ese su trabajo?

¿Me está defendiendo? -pensó Cameron- Ella… de entre todas las presentes… ¿me está defendiendo… más o menos?

– Sólo le faltó escupirnos a la cara. No le defiendas.
– ¿No le vamos a dar otra oportunidad? -insistió Hazari.
– No nos queda más remedio -bufó Paige.

Aprovechando que la conversación se había enmudecido, Cameron decidió hacer acto de presencia simulando no haber escuchado nada. En cuanto puso un pie dentro del comedor todas se quedaron mirándole. Se había prometido ser más simpático, pero el panorama le ponía a prueba.

Lilian no sólo había ignorado la orden del uniforme, sino que estaba consumiendo cerveza como desayuno. Karlee tenía un pie desnudo apoyado en la mesa del comedor, lugar en el que supuestamente se va a colocar comida, para pintarse las uñas del mismo con un esmalte que atufaba todo el lugar. Hazari estaba metiéndose entre pecho y espalda el suministro de cereales de una semana y Paige había conectado su estúpido videojuego al ordenador de la nave para poder proyectarlo en grande. Respiró hondo un par de veces, siendo capaz de ignorar al gruñón interior que había descubierto el día anterior. Al menos de momento.

– Buenos días -saludó Cameron.

Las respuestas llegaron demasiado rápido, como si tuviesen miedo de que las amonestase por no saludar. El miedo era un buen estimulante de cara objetivos, aunque tampoco quería convertirse en el monstruo de la Valkyrie.

De camino al dispensador de comida, vio que sus compañeras necesitaban urgentemente una lección sobre desayunos saludables y en concordancia con la actividad que iban a realizar. Ese mismo día tenían una misión. Vale que era una simple entrega de suministros, pero nunca se sabía cuándo se iban a encontrar imprevistos y, por lo tanto, necesitar un poco de energía extra. Decidió posponer la charla para otro día, ya que ese era el día del Cameron simpático. No llevaba ni dos horas levantado y ese propósito ya se había visto en peligro unas cuatro veces.

Pidió al dispensador un desayuno como es debido y se sentó en la mesa con su bandeja. Al ver que Cameron no decía nada, las chicas reanudaron su conversación; aunque cambiando radicalmente de tema. Al menos no le iban a despedazar vivo estando presente… Cada uno ve los logros donde buenamente puede. Además, hacían un buen trabajo ignorando su presencia. La única que de vez en cuando desviaba la mirada en su dirección era Hazari. Y justamente ella. Si el Sargento tenía dudas sobre alguna de ellas, esa era la arqueóloga. No se veía capaz de confiar en ella.

Dejó que las mujeres siguiesen hablando, esperando que se diesen cuenta de que tenían trabajo que hacer y de que iba siendo hora de ponerse en marcha. Pero el reloj se acercaba a las 9 de la mañana y las intenciones parecían escasas. Paige seguía atascada en el mismo nivel, Lilian se disponía a tomar otra cerveza (al menos era sin alcohol), el cuenco de Hazari no debía de tener fondo y con la dedicación que Karlee le estaba dando a su manicura y pedicura acabarían poniendo sus uñas en una galería de arte.

Imponte con simpatía, Cameron -se animó a sí mismo- No puede ser tan difícil.

– Perdonad… -carraspeó- Igual hay que ponerse en marcha ya, ¿no?

No parecía haber captado la atención de ninguna de ellas, que seguían desgastando la lengua contándose batallitas que poco tenían que ver con su próxima misión.

– Hay un calendario que cumplir y… -no tuvo efecto.

Cameron se levantó de su silla haciendo más ruido del necesario. Tenía los puños apretados intentando agarrarse al último hilo de paciencia que tenía. Hilo que sujetaba el delicado tejido de su simpatía dentro de aquella nave.

– ¡¡WOW!! -Karlee arrugó el morro- Ten un poco de cuidado, bestia. Ese chirrido casi me deja sorda.

La paciencia se escurrió entre sus dedos. El tejido de su simpatía se deshizo en veintes pedazos y Cameron dio un fuerte golpe a la mesa con ambas manos. El cuenco de cereales dio un bote vertiendo leche sobre la superficie y el esmalte de Karlee volcó. Eso captó definitivamente la atención de todas, aunque sus manos iban a estar rojas una buena temporada.

– ¡¡Es hora de mover el trasero, zánganas!! -las miradas de enfado le dieron absolutamente igual- ¡¡Cadete Fairburn!! Inicia de inmediato los protocolos de primer despegue. Quiero que todos los sistemas sean chequeados.
– ¿Qué? ¿Para qué está la IA, entonces?
– No lo voy a repetir dos veces, Cadete -se sostuvieron la mirada. La de Cameron debía de ser bastante peor, porque Lilian se marchó sin rechistar.
– Capullo -murmuró la Cadete demasiado alto cuando pasó por su lado.
– ¡¡Doctora Ramsey!! Hay dos bestias sueltas de su pertenencia en esta nave.
– ¿Pétalo y Burbuja? ¿Mis Yorkshire terrier? -preguntó extrañada.
– Las quiero localizadas, capturadas y fuera de mi nave antes de que abandonemos la Tierra.
– ¡¡No pienso hacer eso!! -se encaró a él- Son mis niños, orangután descerebrado.

Cameron no estaba muy seguro que quería decir con ese extraño insulto, pero por el tono estaba claro que no era nada bueno. Al parecer, a Karlee no le gustaba que le dijesen lo que podía o no podía hacer. Pero tampoco pretendía perder el tiempo en una conversación sobre esos malditos chuchos.

– ¡¡Vale!! -dijo demasiado alto. Karlee dio un bote del susto- Pero juro que si los veo sueltos por la nave, no puedo prometer que no vayan a aparecer dos nuevos cuerpos celestes en las enciclopedias.
– Eres un monstruo.
– Eres un monstruo… señor -corrigió su manera de dirigirse a él.
– ¡Vete a la mierda! -estalló la bióloga saliendo del comedor.

Mientras se producía aquellos encontronazos, Hazari seguía masticando cereales. Eran tan crujientes, que el ruido que hacían le estaba empezando a poner de los nervios. Vale, le estaba poniendo aún más de los nervios.

– ¿Puedo hacerte una pregunta, Hazari?
– Aaaaahm… sí, claro -respondió dubitativa dejando la cuchara en el bol.
– ¿Esperas un inminente ataque enemigo en tu laboratorio?
– Aaaaahm… no.
– ¿Entonces por qué has decidido construir una barricada en mitad del pasillo?
– ¡Ah, eso! -tragó saliva- Es que ayer se me hizo tarde y estaba muy cansada y…
– ¡¡Reserva alguna excusa para la próxima vez que metas la pata!! Quiero ese pasillo despejado hoy mismo.
– OK.

Hazari no se movió de su asiento y siguió tomando su interminable desayuno. Cameron tomó aire de manera bastante ruidosa, se cruzó de brazos y carraspeó para llamar su atención.

– ¿Qué? -preguntó un poco hastiada.
– ¡¡Muévete!!
– ¡¡Estoy desayunando!! -se quejó indignada.
– ¡Oh, vaya! -fingió pesar- Lo siento muchísimo. ¡Qué inoportuno soy!

Se acercó a ella y le arrebató el cuenco de cereales a pesar de las quejas de Hazari. Antes de que pudiese recuperarlo de entre sus manos, Cameron lo arrojó al sistema central de reciclaje donde fue procesado como basura.

– ¡Estaba comiendo eso!
– Ya has tenido suficiente.
– ¡¡Ey!! En mi informe dice que estoy exenta de comidas ligeras.
– ¡¡Lo sé!! -bufó- Pero sé distinguir una chorrada en cuanto la leo. Ahora deja de lloriquear y mueve el culo.
– ¿Es que no vas a estar conforme con nada de lo que haga?
– No sé, déjame pensar -a Cameron le hervía la sangre- Tal vez si te rapases el pelo o perdieses unos kilos. ¡O mejor aún! Mira a ver si eres capaz de crecer unos 20 centímetros -espetó a la arqueóloga en la cara.

Hazari no dijo ni una palabra, más bien todo lo contrario. Toda su indignación había desaparecido y lo único que quedaba en su cara era miseria. Cuando los ojos se le humedecieron y unas lágrimas amenazaban con traicionarla, salió corriendo del comedor. Cameron maldijo por lo bajo. Quería desestabilizar a la arqueóloga para que aprendiese lo que supone tener una cadena de mando, de la misma manera en la que se lo habían enseñado a él en la Escuela Militar. Lo que no quería era que acabase llorando… Además, por alguna razón, Hazari era la que más rápido conseguía agotar su paciencia. O, mejor dicho, no tenía nada con ella. Le había conseguido afectar a un nivel en el que Cameron no estaba habituado a moverse.

Unos aplausos le sacaron de sus turbios pensamientos. Se giró y vio que Paige le estaba aplaudiendo con cara seria.

– ¡Buen trabajo, Sargento! Has conseguido que te odie la única persona a la que le caías un poco bien.
– No es necesario ganarme vuestra simpatía para realizar este trabajo -sólo quedaba que él mismo se creyese aquello- Demostradme que puedo confiar en vosotras y no tendré que parecer un ogro.
– ¿Y qué debería hacer yo? ¿O te tengo que dejar tiempo para que encuentres alguna manera de insultarme?

Cameron cerró los ojos ante el ataque de conciencia que le había entrado. Reconocía que se había pasado, pero también esperaba que entendiesen a qué se debía su enfado. Prácticamente iban a ser el último equipo en abandonar el lugar. El Sargento estaba acostumbrado a ser de los mejores, no de los rezagados. Pero eso era en una época en la que sólo contaba él. Ahora estaba en un equipo e igual tenía que aprender tanto como ellas cuál era la mejor manera de funcionar. Aunque todo sería más fácil si sus compañeras pusiesen algo de su parte…

– Realiza un diagnóstico general de todos los sistemas de la nave.
– Ya te puedo decir que todo funciona perfectamente.
– Llevas aquí sólo unas horas. ¿Ya te conoces todo su diseño?
– Pues sí, ya que parte del diseño es mío. Era la ayudante de Xhalen-Dros -cogió un paquete de la encimera y se lo dio a Cameron- Esto es para ti como parte del equipamiento especial por ser líder. No es que valgas mucho como tal… pero bueno. Adiós.

Cameron se quedó sólo en el comedor preguntándose si el día podría haber comenzado peor. Al abrir el paquete se encontró con una especie de brazalete con una pantalla táctil. Lo reconoció como un brazalete de control. Un sofisticado aparato que le permitiría, entre otras cosas, comunicarse con sus compañeras, recibir alertas de la nave, conectarse a ordenadores compatibles… Incluso tenía la opción de proyectar un escudo personal durante un breve periodo de tiempo. Se lo ajustó en el brazo izquierdo, maravillándose de lo ligero que era.

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La Valkyrie era una nave muy grande y, con tan poca tripulación, era fácil no cruzarse con nadie en todo el día. También ayudaba que el brazalete de control le mostrase la localización de cada una de ellas. Una vez preparados, Lilian había despegado la nave (sin avisar a Cameron) y, tras alcanzar la zona de salto, había activado el motor de hiperimpulso rumbo a su primera misión. Si todo salía bien, llegarían a su destino en un par de horas.

Cameron había aprovechado esos momentos de inactividad para darle vueltas a la cabeza sobre todo lo acontecido desde la celebración de la gala y hasta qué punto tenía que sentirse culpable o no. Era innegable que sus cuatro compañeras resultaban problemáticas por algún motivo. Tanto era así, que en circunstancias normales nunca se les hubiese permitido formar parte del Proyecto Nebula. ¿Por qué habían formado el Team Perseus con ellas y por qué le habían puesto a él para liderarlo? El General Yale le aseguraba que era para mostrar al Universo otro tipo de mehrano, pero Cameron empezaba a sospechar que la WCT había tenido algo que ver.

Al fin y al cabo, para un ejecutivo experto en reality shows, el Team Perseus debía de ser una buena mina con aquellas mujeres tan independientes teniendo que ser ordenadas por un mehrano. En cuanto se destapase todo el meollo, fijo que la cadena se llenaba los bolsillos de beneficios. Cameron estaba a un paso de llamar al General y pedirle explicaciones, pero tampoco quería meter la pata y perder su trabajo. Estaba en una verdadera encrucijada de la que sólo se veía capaz de salir si su relación con ellas mejoraba. El problema residía en que, nada más pensar en ellas, ya se sentía ninguneado. Necesitaba una pista… una señal… ¡¡algo!!

Tras salir de su cuarto, pasó por delante de los baños comunitarios y comprobó su brazalete para comprobar que no hubiese nadie. Acababa de leer en un portal sobre mujeres en la UniRed que era fácil adivinar la personalidad de las mismas fijándonos en sus artículos de baño. Desgraciadamente, no venía ningún ejemplo práctico, pero Cameron se estaba agarrando a un clavo ardiendo. A pesar de ser el líder del Team Perseus, no podía realizar inspecciones en los lugares privados del resto del equipo. Eso descartaba sus habitaciones, pero no quedaba claro si las taquillas del baño contarían. Mucho se temía que así era, aunque esperaba que el riesgo mereciese la pena. Al fin y al cabo, ojos que no ven…

En la parte derecha estaban las taquillas. Al lado de cada una había un amplio lavabo con un espejo bien iluminado. En el otro lado había una hilera de duchas individuales, bien aisladas las unas de las otras. Aún sintiendo estar haciendo algo incorrecto, Cameron entró en el baño y comenzó a inspeccionar las taquillas. La primera era la de Paige, que fue imposible de abrir ya que la ingeniera había instalado un cerrojo electrónico que exigía una clave. Conclusión: no se fía de nadie. Nada que no intuyese.

Justo al lado estaba la de Karlee, cuya taquilla y lavabo estaban rebosar de frascos y botes. Además, había forrado la parte superior del espejo con fotos de la familia (sólo su madre y hermana. Su padre había sido recortado) y de sus perros. Las mansiones que se veían en algunas de ellas eran de las más lujosos en la NCP. Lo único que sacaba en claro era que la bióloga era una mujer muy acomodada. ¿Dónde demonios estaba la Piedra Rosetta que prometía la UniRed?

Sin duda, su taquilla “favorita” fue la siguiente. Su propietaria era Hazari y su contenido llamó la atención de Cameron. En sí, era bastante obvio; pero algunos detalles no encajaban. En el lavabo había botes de gel, champú y pasta de dientes (a pesar de que los replicadores de la Valkyrie los proporcionaba). Lo más curioso era que los envases eran totalmente blancos y tenían escritos a mano lo que contenía cada uno. En cuanto abrió la puerta de la taquilla, no pudo evitar soltar un bufido despectivo. En una de las estanterías había media docena de cajas de tinte rosa. Cogió una al azar, comprobando que estaba un poco polvorienta y descolorida. Al ver la fecha de producción, vio que tenía casi 20 años. El resto de cajas tampoco eran recientes, siendo la más nueva del año 3995. si algo le confirmó esa taquilla, era que no tenía que fiarse ni un pelo de Hazari. Esa mujer escondía algo… Cameron odiaba tener que trabajar en esas condiciones.

La última taquilla en uso no le ocupó nada de tiempo. Lilian sólo tenía un cepillo de dientes y otro para el pelo. Para todo lo demás, dependía de los artículos dispensados por la propia nave. Eso podía decir que era una mujer práctica. O que era poco femenina. O que no era una mujer en absoluto. Cameron no sabía por dónde le daba el aire. Tachó el experimento como fracaso y decidió dejar una queja a los encargados de esa página de la UniRed.

– Mirad a quién he pillado husmeando en nuestras cosas -se oyó la voz de Paige a su espalda.

Cameron empalideció y se dio la vuelta. Flotando enfrente de las duchas, cuatro hologramas estaban siendo proyectados. Uno por cada una de sus compañeras. No parecían muy contentas. Aunque al menos estaban en sus puesto de trabajo, juzgando por el fondo.

– ¿Qué va a ser lo próximo? ¿Robar nuestra ropa interior? -preguntó Lilian.
– ¡No sé de qué me sorprendo! -se quejó Karlee.
– ¿Qué estabas haciendo?

Hazari, normalmente bastante neutral, mostraba mediante su tono que estaba bastante enfadada. Cameron sintió una punzada de remordimientos al ver que la arqueóloga todavía tenía los ojos rojizos.

– Ser el líder me permite llevar a cabo tareas de inspección aleatorias.

Era obvia que ninguna se había molestado con el reglamento, por lo que su pequeña mentira igual pasaba desapercibida.

– ¿Y qué pretendías encontrar en nuestras taquillas? ¿Drogas? ¿Armas ilegales? ¿Es que te piensas que eres el único bueno aquí dentro?
– Yo creo que es una violación de nuestros derechos como miembros del Proyecto Nebula.
– ¿Cómo sabíais que estaba aquí? -dijo frunciendo el ceño.
– Mi taquilla tiene alarma -explicó Paige- Sólo me tuve que conectar al sistema de vigilancia de la Valkyrie y, cuando vi lo que estabas haciendo, añadí a la fiesta a todas las demás.
– Esa es una violación en el uso de los recursos…
– ¡Blah, blah, blah! ¡Estás cambiando de tema!
– Porque el tema ya está zanjado. Si buscáis una disculpa, no estáis en el lugar adecuado.

A pesar de que empezaron todas a hablar a la vez, Cameron cruzó las manos a su espalda y salió de los baños a grandes zancadas. Otra situación que no había tenido ni idea de cómo lidiar. Un día como líder del Team Perseus y ya notaba los primeros síntomas de estrés. Una vez que estuvo bien lejos, la conversación entre los hologramas continuó.

– Tenemos que hacer algo al respecto -dijo Karlee- Esta situación es insostenible.
– El tipo se piensa que nos conoce de toda la vida y que por algún motivo tiene derecho a juzgarnos.
– Juega con ventaja. Nadie nos ha dado un informe sobre él.
– Eso se puede solucionar -Hazari parecía la más tranquila de todas- Estará en la base de datos del personal del Ejército de la Tierra. ¿Puedes colarte desde aquí, Paige?
– ¿Me estás pidiendo que comete un crimen?
– ¿Te supondría algún problema?
– En absoluto -sonrió divertida- Concededme unas horas y todas tendremos acceso a la vida del Sargento Capullo.

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