Escritos: Team Perseus – Riddle from Venus (Capítulo 6)

Capítulo 6

Año 4000. Planeta Asweon.

La Scylla abandonó el hiperespacio en el sistema solar cuyo segundo planeta era Asweon. Kyros pidió al ordenador de la nave que hiciese un escaneo exhaustivo de la zona para asegurarse de que no hubiese ningún tipo de nave camuflada. El radar no mostraba movimiento de objeto alguno, pero siempre era mejor asegurarse ante lo delicado de su misión.

A su lado, Xhalen-Dros manipuló el proyector de hologramas para hacer aparecer una imagen del planeta al que se dirigían. Ese sistema solar no estaba habitado, pero algunos planetas eran bastante turísticos. Asweon era famoso por sus numerosas formaciones volcánicas, aunque sólo se podía visitar con permiso expreso de la NCP y siempre con un guía que se conociese bien el lugar. A pesar de esas normas, el control que se ejercía sobre el planeta era muy escaso y colarse no sería un problema.

– Fascinante -dijo el ingeniero- Nada más entrar en el sistema solar, han aparecido unas coordenadas sobre el holograma del planeta.
– ¿Estamos seguros de que este es el lugar correcto?
– La decodificación no fue tan complicada. Asweon es nuestro planeta.

Kyros asintió y retiró el cartucho de memoria que contenía ese holograma. Era un sistema de almacenamiento sheel en desuso, por lo que Xhalen-Dros había sido indispensable para poderlo conectar a un ordenador. Sacó un amuleto del tamaño de la palma de su mano y encajó la memoria en la ranura que correspondía. La parte central del amuleto se cerró de inmediato, sellando su contenido.

– Eso es todo. Puedes tomarte tiempo libre hasta que lleguemos al planeta.

Xhalen-Dros abandonó la cabina, dejando a Kyros solo con sus pensamientos. Éste no dejaba de acariciar el amuleto, el cual tenía varias letras y dibujos grabados en su superficie. Todavía recordaba cuando Kakmalem se presentó en la Academia Militar hacía un par de años con él en la mano. Estaba muy nervioso por su descubrimiento y buscaba ayuda de manera desesperada.

Al parecer, los sheel habían escondido un artefacto de gran poder antes de que se extinguiesen; no sin antes dejar un mapa para encontrarlo. Su amigo el historiador creía saber lo que habían ocultado. Si estaba en lo cierto, tenían que evitar por cualquier medio posible que ese artefacto cayese en manos equivocadas. Al principio pensaban que podían confiar en la NCP, pero tras varios encuentros con ellos, vieron que parecían demasiado interesados en adquirir poder. Él y Kakmalem aseguraron haberse equivocado y que todo era una falsa alarma, aunque dudaba mucho de que convenciesen a todos.

La cuestión era que no se atrevían a salir a explorar ellos mismos sin permiso alguno y con el miedo constante de ser perseguidos. Así que cuando a Kyros le llegó información sobre la creación del Proyecto Nebula, no se lo pensó dos veces y se involucró de pleno en el programa. Gracias a su imagen pública, le permitieron crear al Team Scorpius y organizar sus misiones de manera totalmente secreta y sin realizar preguntas. A pesar de todas sus precauciones, sabía que en aquella época mantener la información oculta era un reto casi imposible y algunos políticos de la NCP conocían sus verdaderos objetivos. Sólo esperaba haber confiado en la gente correcta. Aunque, por si acaso, ya había puesto en marcha un plan de contingencia.

Los otros dos miembros del Team Scorpius eran totalmente de fiar e indispensables para resolver el acertijo del amuleto. Kyros les había preparado lo mejor que había podido, pero hacía tiempo que habían dejado atrás la juventud y eso se notaba. Si por él fuese, les hubiese dejado en la Tierra y buscado un equipo militar bien entrenado; aunque tendría que haber sacrificado los extensos conocimientos del trío. Conocimientos que podían ser la clave en esa búsqueda del tesoro. Así que su papel principal era defender a sus compañeros ante cualquier peligro. Cruzaba los dedos para que esos últimos fuesen escasos.

– Contacta con la Valkyrie -pidió Kyros a la IA.
– Localización necesaria.
– Si han seguido su calendario, estarán llegando al planeta Shutoi.
– Por favor, espere.

Sobre una de las pantallas apareció un icono de espera mientras realizaba los ajustes necesarias para la llamada a larga distancia con aquellos sistemas de comunicación altamente encriptados. Cinco minutos más tarde, el holograma de Lilian fue proyectado en mitad de la cabina. Kyros sonrió y alargó una mano para acariciar la inmaterial proyección.

– Qué puntual. Acabamos de llegar a nuestro destino -explicó Lilian.
– ¿Queda muy cursi si digo que ya te echo de menos?
– No, y más te vale decirlo todos los días en nuestras conexiones.
– Tomo nota.

Conversaron durante un buen rato de cosas triviales, mientras se interrumpían constantemente para halagarse mutuamente. Kyros creía estar preparado para una larga temporada alejados, pero nada más lejos de la realidad. Si no fuese por el motivo de que podía poner a todo el Universo en peligro, daría la vuelta a la Scylla e iría en busca de Lilian.

En los últimos meses habían probado soluciones alternativas. Se habían conectado a un emulador virtual y proyectado su conciencia a un mundo diseñado previamente. El contacto fue bastante real y satisfactorio, pero en aquel lugar la percepción del tiempo era diferente y no podían permitirse estar tan distraídos. También habían hecho pruebas con un droide RLM, construido con una materia orgánica moldeable que le permitía adquirir el aspecto de cualquier ser vivo bípedo. Con una conexión a distancia, Lilian o Kyros podían controlar sus “gemelos” para hacer compañía de vez en cuando al otro. Era una tecnología muy realista para la mayoría de los casos, excepto para las situaciones más íntimas. Al final quedó claro que la abstención iba a ser la norma predominante.

– ¿Y qué tal la vida en el Team Perseus?
– Bueno, las chicas están bien, supongo -dijo sin demasiado entusiasmo- Es Cameron el que lo estropea todo.
– El General Yale insistió en que es un gran tipo. Muy disciplinado y orientado a objetivos.
– Demasiado… Es un poco gruñón. Le gusta mandar.
– ¿Por qué tengo la sensación de que si no lo hiciese le pasarían por encima? -Lilian puso los ojos en blanco y sonrió.
– El pobrecico se pensaba que íbamos a ser un puñado de soldaditos siesos que nunca replican. Así que no se lo pondremos fácil hasta que se le bajen los humos.
– ¿Y si él piensa lo mismo?
– Pues que gane el mejor.
– Lilian… -dijo con un tono que no dejaba lugar a dudas de su reprimenda.
– ¿Qué?
– Pórtate bien, por favor. Tengo intereses invertidos en el Team Perseus -la Cadete frunció el ceño- Me refiero a ti -Kyros sonrió.
– Sabes que no puedo prometer nada. Alguien tiene que liderar a la chicas contra el tirano.
– No será para tanto. Y fijo que no todo es su culpa…
– ¡¡Oye!! ¿De parte de quién estás?
– Al final del día, de la NCP y de la República Terrestre -Lilian le fulminó con la mirada, lo que le hizo sonreír aún más.
– Tú sigue así y me buscaré un ligue en Shutoi -dijo sin demasiado interés.

Kyros no pudo evitar reírse a carcajadas. Los habitantes de ese planeta llegaban como mucho a las rodillas de un humano. A Lilian le gustaban demasiado los hombres altos como para plantearse acostarse con uno de aquellos enanos de piel verdosa y voz chillona. Cuando se le pasó el ataque de risa, fue capaz de seguir hablando.

– ¿Algo emocionante en Shutoi? No he leído el informe de la misión.
– Naaaaaaah -contestó aburrida- Han sufrido una plaga de insectos y sus cosechas se han echado a perder. Es una misión humanitaria para entregar cereal y un sistema de control de plagas para que no vuelva a pasar. Antes de que nos demos cuenta, ya habremos terminado. ¿Y tú? ¿Qué se cuece por allí?
– Clasificado.
– ¿No puedo saber ni siquiera dónde estás?
– No, no puedo difundir información sobre mi misión -Lilian suspiró.
– Vaaale, no insistiré más. Te tengo que dejar, estamos a punto de entrar en órbita y el Sargento Malaspulgas enseguida vendrá a tocar las narices.

Se despidieron deseándose un buen día y recordando el amor mutuo. Cuando el holograma desapareció, Kyros se quedó entristecido mirando la porción de aire donde había estado. Pero Asweon ya ocupaba toda la ventana de la cabina y no le quedaba tiempo para lamentarse. Avisó a la tripulación de que iban a entrar en la atmósfera del planeta, aún a pesar de que con esas nuevas naves no iban a notar prácticamente nada.

Asweon era un planeta ceniciento al que Kyros no le veía la belleza por ningún lado, pero que estaba totalmente preparado para recibir turistas. Vio pistas de aterrizaje por varias zonas, así como puentes y rampas para facilitar las caminatas entre tanto barranco. La Scylla tenía asignada una pista de aterrizaje en una zona famosa por sus tormentas de ceniza, pero que desgraciadamente se encontraba un poco lejos de su destino.

Kakmalem había insistido en que el Team Scorpius accediese al planeta de forma legal, por lo que habían tenido que pedir permiso a la NCP y tendrían un guía turístico para moverse por allí. Kyros había rellenado toda la documentación usando nombres y credenciales falsos, para no ponérselo fácil a un posible interesado en los secretos del amuleto. Introdujo las coordenadas para aterrizar y activó el piloto automático de la nave.

El resto de la tripulación estaba en una zona de descanso bastante acogedora. Contaba con una gran pantalla conectada a la UniRed, butacas cómodas y algunos juegos para matar el tiempo. La Contessa y Xhalen-Dros estaban sentados uno al frente del otro jugando una partida de ajedrez. Esos dos se habían hecho muy buenos amigos durante los últimos meses y Kyros sospechaba que la Scylla tenía una habitación menos en uso de lo esperado.

– ¿Hemos aterrizado ya? -preguntó Kakmalem claramente excitado por ir a visitar el planeta.
– La nave se está posicionando en este momento. ¿Has preparado ya los suministros?

El arqueólogo asintió con la cabeza, señalando a la vez dos grandes mochilas. Éstas contenían provisiones necesarias para sobrevivir unos tres días en Asweon. Tiempo más que suficiente para ir a las coordenadas que indicaba el amuleto y volver a la nave. La Contessa y Xhalen-Dros se quedarían en la Scylla, ya que la caminata sería demasiado dura para su condición física. Además, dudaba mucho que necesitase su ayuda en la superficie. Prefería que se quedasen allí y lo dejasen todo preparado para despegar en cuanto volviesen.

Un ligero bote anunció que la nave había tomado por fin tierra. Kyros y Kakmalem se colgaron las mochilas y se dispusieron a salir al exterior.

– Pasadlo bien vosotros dos -dijo Kyros- Pero no demasiado bien -les sonrió a la vez que éstos asentían.

Nada más salir de la Scylla, Kakmalem se dedicó a sacar fotos del paisaje con su comunicador. No importaba cuántos siglos pasasen. Seguía siendo una de las personas más aventureras del Universo y con más ganas de conocer cosas nuevas. Kyros comprobó una vez más en su brazalete de control la distancia exacta a la que se encontraban. Si se ponían ya en marcha, al día siguiente a la mañana llegarían a su objetivo.

– Hay un transporte ahí aparcado -anunció Kakmalem- Debe ser nuestro guía.
– ¿Cuál era su nombre?
– Syojiss Dojub. La Agencia me ha prometido que es bastante competente.

Kyros lamentó que la Agencia Universal de Turismo tuviese como política no difundir información de sus guías hasta momentos antes del encuentro en el planeta en cuestión. Le hubiese gustado hacer un chequeo previo para ver qué se iban a encontrar, aunque igual estaba exagerando de celo. Los guías solían ser estudiantes universitarios que querían ganar dinero fácil, por lo que dudaba que supusiese un problema.

Se acercaron al pequeño edificio donde estaría el tal Syojiss, el cual pareció oírles y salió a la puerta a recibirles. Kyros lo reconoció inmediatamente como un breahnian y, por lo joven que era, seguramente fuese estudiante. Como todo breahnian, era de estatura más bien baja para los cánones de la NCP. Éste en concreto mediría alrededor de 1’70 metros. Piel azulada, pelo largo, orejas puntiagudas y, lo más característico, un par de cuernos torcidos hacia atrás. Todos los miembros de esa especie eran muy delgados y su complexión no variaba jamás. Vamos, que no ganaban ni un gramo de grasa o de músculo por mucho que lo intentasen. Aunque como lado positivo, su sistema inmunológico era uno de los mejores que se conocía. También eran capaces de regenerar tejido a bastante velocidad.

Syojiss se estaba retocando el uniforme oficial de guía, el cual le quedaba un poco grande. Pero eso era bastante normal con tallas estándar entre los breahnian; ya que, debido a su delgadez y altura, casi no se fabricaba nada para ellos fuera de su planeta natal.

– ¿Eres tú Syojiss Dojub?
– ¿Quién si no? ¿Acaso crees que el verdadero Syojiss está maniatado detrás del escritorio? -respondió el guía con tono burlón señalando detrás suyo.

Kakmalem empezó a emitir carcajadas bastante forzosas y demasiado estridentes. Tanto era así, que Kyros dio un bote asustado.

– ¿Se puede saber qué haces?
– Si algo he aprendido en mis viajes es que lo mejor para tener buenas relaciones con otras especies es reírse siempre de su sentido del humor. Aunque no lo entiendas.
– No lo vuelvas a hacer. Es bastante perturbador.

Kyros dio una palmada en la espalda a su amigo y se dirigió hacia Syojiss para presentarse. Le enseñó en su brazalete el lugar al que deseaban ir y éste asintió indicando el camino que iban a seguir. Kakmalem se unió a ellos y emprendieron la larga caminata.

A ninguno de los dos se les ocurrió entrar en la oficina de turismo de la que había salido Syojiss. Si lo hubiesen hecho, se hubiesen encontrado al verdadero Syojiss inconsciente y maniatado detrás del escritorio…

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