Escritos: Team Perseus – Riddle from Venus (Capítulo 7)

Capítulo 7

Año 4000. Planeta Shutoi.

La Valkyrie flotaba sobre el edificio señalado esperando a que se abriesen las compuertas. Era un almacén bastante grande donde habían construido un depósito especial para guardar el pesticida para el control de plagas que transportaba el Team Perseus. El traspaso era un trabajo para dos personas. En concreto, las afortunadas habían sido Paige y Lilian. Cameron se estaba reuniendo con un responsable político de Shutoi, mientras que Karlee y Hazari se dedicaban a distribuir raciones individuales de cereal a los habitantes más necesitados.

El resto del grano que habían transportado, ya lo habían depositado en un silo. Así que, una vez que terminasen con aquella descarga, su misión se daría por finalizada. No era nada glamuroso ni emocionante, pero al menos el Team Perseus cosecharía una buena dosis de opinión pública positiva y su popularidad ayudaría para el ranking oficial de la WCT. No necesitaban reconocimiento, pero si el público estaba contento, la WCT estaría contenta y, por consiguiente, la NCP estaría contenta. Y éstos últimos eras los que pagaban sus sueldos.

Las luces de la cubierta del almacén pasaron de estar en rojo a parpadear en ámbar para indicar que la compuerta se estaba abriendo. Prácticamente todo el tejado se partió por la mitad y, cuando el proceso terminó, las luces se pusieron en verde y la Valkyrie descendió. A pesar de que la nave era bastante grande, entraba con holgura en el almacén.

– Este sitio parece construido por ingenieros de la Tierra -bromeó Lilian refiriéndose a la obsesión de ese planeta por las megaconstrucciones.
– No parece un edificio muy práctico si tenemos en cuenta la altura media de los habitantes de Shutoi.
– Supongo que sus escaleras también serán de gran tamaño -se rió de su propio chiste.
– ¿Piensas igual que Cameron? ¿Ser bajito es un crimen?
– No, sólo pensaba que mi compañera de misión tenía sentido del humor.

Paige miró por la ventana de la cabina hacia el techo del almacén, el cual se estaba volviendo a cerrar una vez que la Valkyrie aterrizó en el mismo. Era el procedimiento pactado por si se producía fuga del pesticida. Los gases que emanaba en gran concentración podían ser bastante perjudiciales para la salud y los peces gordo de Shutoi no querían arriesgarse a una catástrofe. La ingeniera arrugó el morro ante la repentina oscuridad.

– Perdona, Lilian. Supongo que estoy un poco nerviosa.
– Comprensible. Las primeras veces son siempre las peores.

El plan era más o menos sencillo. Una vez que la nave hubiese aterrizado en el almacén, Paige tenía que salir de la misma e ir hasta el gran depósito que habían colocado los de Shutoi. Tendría que subir por una escalera hasta la válvula de acceso y dar una señal a Lilian por el comunicador. Ésta alzaría varios metros la nave a muy baja velocidad hasta colocar la cisterna de la nave a la altura de la válvula. Por último, Paige tendría que conectar el depósito a la Valkyrie y el sistema informatizado haría el resto. Sería mucho más simple si ese trabajo lo realizase alguno de los robots de la nave, pero el Proyecto Nebula exigía que los equipos se ensuciasen las manos.

Paige volvió a asomarse por la ventana para ver que varias luces se habían encendido en el almacén. Pero todavía le parecía que el interior estaba demasiado oscuro.

– ¿Puedes encender la iluminación externa de la nave?
– El almacén está bastante bien iluminado -dijo Lilian.
– ¿Podrías encender los focos de todas formas?

La piloto se encogió de hombros y activó los controles que encendían la iluminación externa. Paige se lo agradeció, saliendo a continuación de la nave para seguir con la descarga del pesticida. Lo peor era subir por la escalera de caracol del depósito hasta la válvula. Esa tarea le costó casi media hora y, al llegar a su destino, estaba fatigada y sin aliento. Menos mal que Cameron no estaba allí para ver su estado o tendría que aguantar su mirada de reproche o sus comentarios sarcásticos y sin tacto.

Tras un minuto para recuperar el aliento, hizo la señal a Lilian y la Valkyrie se alzó varios metros. La siguiente parte del traspaso fue como la seda, por lo que Paige pudo sentarse tranquilamente y proseguir con la tarea de investigación que le habían asignado. Había diseñado un programa para hackear la base de datos del Ejército de la República Terrestre, el cual lo había dejado en ejecución y esperaba resultados de un momento a otro. Justo cuando se disponía a chequear el progreso, su ordenador de bolsillo le avisó de su conclusión con un pitido.

Paige se descargó rápidamente el dossier sobre Cameron y borró su rastro. Nadie se enteraría de que había pasado por allí. No era que un crimen más o menos se fuese a notar en su condena, pero sí en su orgullo. Siempre había sido una chica autosuficiente que prefería aprender por su cuenta. Desgraciadamente, eso no le proporcionaba títulos oficiales y, cuando llegó a la Tierra, tuvo muchas dificultades para encontrar trabajo.

Lo único que conseguía no le permitía pagar su propia vivienda y enseguida se cansó de los apartamentos decididos por la República para personas sin recursos. Esas viviendas no eran en absoluto deprimentes, más bien todo lo contrario. Pero Paige empezó a amargarse por el hecho de que no valorasen sus cualidades y acabó haciendo algo que se había prometido no hacer nunca más: cometer un robo.

Colándose en los sistemas oficiales de la Tierra, se enteró de que el Ejército de la República iba a transferir una importante cantidad de cubhos (moneda oficial de la NCP, que no tienen nada que ver con un cubo. Era una palabra sheel que significaba trueque) al Banco Lunar usando como tapadera una lanzadera de transporte público. Esos vehículos eran dirigidos por una IA y no necesitaban tripulación alguna. Aunque teniendo en cuenta el volumen de dinero que iba a transportar, les iba a resultar imposible poner guardias en su interior. Era una oportunidad que Paige no podía dejar pasar.

Hackeó la IA que dirigía todo el tráfico y creó un verdadero caos para que pasase desapercibido el desvío de la lanzadera con los cubhos. Toda aquella cantidad de dinero iba a ir hasta su ventana y nadie jamás se enteraría de qué había pasado. Pero cuando Paige abrió la puerta del vehículo que iba a cambiar para siempre su vida, se encontró frente a frente con media docena de rifles láser en carga letal. Resultaba que esa lanzadera nunca iba a transportar cubhos. Era lo que oficialmente había dicho el Ejército de la República para poder sacar del planeta sin problemas un nuevo y sofisticado misil para su guerra contra Kagmar.

Para evitar que la historia saliese a la luz, Paige fue juzgada y echa prisionera en la propia sede del Ejército. Tras varios meses encerrada, se le ofreció la posibilidad de reducir su condena si aceptaba trabajar como ingeniera para la República Terrestre. Siempre estaba escoltada y nunca jamás se le permitía abandonar los edificios de la Academia u otras construcciones del Ejército. Así fue como terminó colaborando con Xhalen-Dros para diseñar las naves del Proyecto Nebula. Tan satisfecho se quedó con el trabajo de Paige, que la recomendó para formar parte del Team Perseus. Para sorpresa de la ingeniera, el Ejército aceptó.

Al menos podrían haber tenido el detalle de no pasar esa información a Cameron. La manera en el que miraba a Paige dejaba bien claro que no le hacía ni pizca de gracia tener a una presidiaria entre su tripulación. El resto de las chicas conocían su historia y no le daban demasiado importancia. Aunque tampoco les había contado nada de cómo era su vida antes de ir a la Tierra…

Pero eso eran preocupaciones para otro momento. En cuanto tuvo el dossier de Cameron, lo abrió sin pensárselo dos veces para ver si tenía algún cadáver guardado en el armario. Pero de todas las cosas que podría haberse imaginado, la verdad resultó aún más impactante.

– ¡Oh, cielos! -dijo releyendo una y otra vez la misma información por si no lo había entendido bien. Sacó el comunicador- Lilian, no te vas a creer lo que acabo de descubrir de nuestro querido líder…

separador2_zps5f725c41

La gente de Shutoi era encantadora y muy agradecida por la ayuda que el Team Perseus les había llevado. Karlee y Hazari nunca habían recibido tantos abrazos en sus vidas y les empezaba a doler la cara de tanto sonreír. Pero ya no les quedaban muchas raciones por repartir y podrían retirarse a la Valkyrie a descansar. A no ser que Cameron tuviese alguna crítica; que, conociéndole, no sería extraño.

– Estás muy callada, Hazari.
– Me estaba preguntando si Paige ya se habría hecho con el dossier de Cameron.
– ¿Ansiosa por conocerle?
– ¡Ja, ja, ja! -exclamó irónicamente- ¿No te da la impresión de que necesitamos algún tipo de información para contraatacar sus insultos?
– Sí, algo para hacerle callar la boca o este trabajo va a resultar insoportable.

Tras entregar varias raciones más y tener que besar a varios bebés, los comunicadores de ambas comenzaron a vibrar en sus bolsillos anunciando una llamada. Al descolgar, un holograma de Paige apareció en el aire.

– ¿Tenéis acceso a algún sitio donde podamos hablar en privado?
– Sí, la caseta donde están almacenadas las raciones -dijo Karlee- Danos un minuto.

Hizo un gesto a Hazari y ambas se metieron en aquella casa prefabricada para la ocasión. Al principio era un lugar claustrofóbico, pero después de tres horas repartiendo raciones el lugar estaba casi vacío. Karlee apoyó el comunicador en una caja y esperó a que Paige continuase hablando.

– ¿A qué se debe tanto misterio?
– Ya tengo el dossier de Cameron -Karlee y Hazari se irguieron prestando atención.
– ¿Y bien?
– Os lo adjunto en la comunicación para que lo podáis ver con vuestros propios ojos.

Karlee recuperó su comunicador y esperó la llegada del archivo. Tanto ella como la arqueóloga, se volcaron en su lectura. Las primeras exclamaciones de sorpresa no tardaron en llegar. Volvieron a dejar un comunicador encima de una caja para que el holograma de Paige apareciese de nuevo. En aquella ocasión estaba acompañada por Lilian.

– ¡No puede ser! -dijo Hazari.
– ¿Por qué no? -intervino la piloto.
– Porque nadie puede salir de Mehra.
– La Tierra contrató soldados mehranos durante la guerra -añadió Paige.
– Y cuando se terminó la alianza con Mehra, los devolvieron a ese vertedero -aseguró Karlee- ¡Oh, Dios mío! ¡¡Cameron es mehrano!! -todavía estaba en shock.
– ¿En qué demonios estaba pensando el Ejército a la hora de poner a un mehrano como líder de un equipo integrado por mujeres?
– No creo que estuviesen pensando -bufó Lilian.
– Ahora sus borderías han adquirido un nuevo matiz -dijo Hazari casi entre lágrimas- Uno más sórdido.
– En efecto. Antes suponíamos que nacían de su creencia de que no éramos competentes. Pero queda claro que el problema principal es que somos mujeres. ¿Qué vamos a hacer al respecto? -preguntó Karlee.
– No quiero dejar este trabajo -dijo Hazari- Ninguna queremos, ¿verdad? -todas asintieron.
– Entonces queda decidido. Tenemos que patear el trasero del Sargento Machista hasta sacarlo fuera de la Valkyrie -propuso Lilian.
– ¿Y buscarnos problemas con la NCP? ¡No, gracias! -dijo Paige- Necesitamos hacerlo bien. Una petición oficial para sustituir a Cameron. Y para eso necesitamos pruebas.
– Si él inspecciona nuestras cosas, nosotras inspeccionamos las suyas. ¿A quién le apetece una visita a su cuarto?

Todas aprobaron el plan y partieron de inmediato hacia la Valkyrie, El Sargento Combs era un problema mucho más grave de lo que pensaban y no se iban a quedar cruzadas de brazos un segundo más. Sólo se iban a quedar tranquilas si conseguían ponerle en una nave rumbo a Mehra, donde no podría volver a salir de allí.

separador2_zps5f725c41

Cameron llevaba todo el día estrechando manos a todo aquel que era alguien en Shutoi. Aquellos hombrecillos eran muy agradecidos y le parecía feo hacer mutis por la izquierda. Le hubiese gustado inspeccionar de cerca las tareas que tenían que realizar sus compañeras, pues sus labores también eran importantes. Aún así, la inquietud del estómago no se le alivió hasta que fue informado de que todo había salido bien. El pesticida estaba en el depósito y no se habían producido fugas. Las raciones habían sido repartidas y todo el mundo parecía contento.

Igual la dureza con la que había tratado a su tripulación había servido de algo o, tal vez, eran totalmente competentes y él las había infravalorado. Pero también había que tener en cuenta que la misión en Shutoi no exigía grandes esfuerzos, habilidades o conocimientos. Cameron prefería reservarse su opinión final hasta alguna misión con más chicha. De todas formas, una felicitación en condiciones estaba en su plan de acción.

Es más, estaba tan satisfecho y contento con como habían salido las cosas que Cameron estaba dispuesto a invitarlas a cenar esa misma noche para celebrarlo. Igual era una buena técnica para limar asperezas y llegar a conocerse fuera de la atmósfera oficial del Team Perseus. Hasta estaba dispuesto a disculparse por sus comentarios durante el desayuno si así ayudaba a que se relajasen a su alrededor.

Ilusionado con las nuevas perspectivas y de buen humor por el éxito de su primera misión, Cameron emprendió el camino de vuelta hacia la Valkyrie cuando el cielo de Shutoi empezaba a oscurecerse. Subió por la rampa de la nave y activó el mecanismo que la volvería a sellar. Iba a usar su brazalete para convocar una reunión, pero allí vio los puntos que indicaban la localización de su tripulación. Los cuatro puntos estaban juntos en la Sección C1. Si estaba interpretando correctamente el plano, se encontraban dentro de su habitación.

Los ánimos de Cameron se cayeron al suelo, previendo que se acercaban problemas y una posible discusión. Intentó respirar hondo para calmarse, pero se sintió totalmente violado ante el poco respeto a su zona privada. Eso le hizo sentir remordimientos, pues él mismo había hecho algo parecido esa misma mañana. Aunque las taquillas del baño no eran comparables a toda una habitación.

En vez de usar las escaleras, prefirió coger uno de los ascensores que le llevarían hasta allí en la mitad de tiempo. El resto del pasillo hasta su cuarto lo recorrió a zancadas, pero se paró en el recodo al oír las voces de su tripulación. Quería ver si descubría lo que planeaban antes de sorprenderlas con las manos en la masa.

– ¡Aquí no hay nada! -se quejó Karlee.
– Sigue buscando -pidió Lilian- Tiene que a ver algún látigo o drogas de control mental o algún libro de filosofía extraño.

¿Por qué demonios estarían buscando algo así en su habitación? Cameron empalideció y casi sufrió un vahído al imaginarse la respuesta. ¿Habían descubierto de alguna manera que era mehrano? Si así era, eso supondría el final del juego.

– ¡He encontrado un diario! -anunció Hazari entusiasmada- Aquí seguro que viene algo sórdido.
– ¿Diario? ¿En papel? -se burló Paige- Hablando de cosas obsoletas…

Ante la mención de su diario, Cameron salió de su escondite y entró en su cuarto. Estaba aterrado. Pensaba que iba a sentir ira ante lo que estaban haciendo, pero nada más lejos de la realidad. De repente se sintió muy débil y sin ganas de luchar.

– Dame eso -prácticamente susurró a Hazari.

La arqueóloga se quedó clavada en el lugar, mirando hacia arriba para mirarle a los ojos. Su cara mostraba sorpresa y cierto arrepentimiento. Cameron se dio cuenta de que sus ojos lagrimosos le iban a delatar. No quería llorar delante de ellas, pero todo su mundo se había venido abajo. Sólo con pensar en que le iban a desterrar a Mehra se le quitaban las ganas de vivir.

– No tan rápido.

Paige quitó el diario a Hazari al ver que ésta hacía el amago de devolvérselo.

– ¿Qué es lo que queréis encontrar ahí?
– Pruebas, degenerado -espetó Karlee con odio- No puedo creer que estemos compartiendo el aire con un mehrano.

Cameron pudo ver que se estaba aguantando las ganas de escupirle a la cara. Su mente se quedó totalmente en blanco. No sabía cómo lidiar con aquella situación y por mucho que abriese la boca no salían palabras de ella. Al escuchar una risa burlona de Lilian se dio la vuelta para mirar a la Cadete. Ésta había encontrado su reproductor de música.

– Tu gusto musical es patético, Cam -se rió- ¿O es que usas a Steenllar para atraer a niñas tontas a tu cama?

Lilian no podía imaginarse lo que esa acusación le dolía. Para ella, Cameron era un mehrano más. No tenía ganas ni argumentos para defenderse. Dijese lo que dijese no le iban a creer. Era un mehrano… fin de la historia.

– Necesito eso, por favor -casi no le salía la voz por el nudo de la garganta.
– ¿O qué?
– O nada… Es importante para mí, ¿vale?
– Si es importante para un mehrano, eso significa que es basura.

Lilian tiró al suelo el reproductor y lo pisoteó hasta hacerlo añicos. El resultado final era insalvable. Cameron volvió a sentir otro mareo, pero consiguió recuperar el equilibrio. Durante los últimos cuatro años de su vida, la música de Steenllar era lo único que le había permitido conciliar el sueño. Presagiaba una noche en vela muy larga…

– No quiero discutir con vosotras. ¿Podemos hablar, por favor? -cada palabra le costaba un triunfo pronunciarla.
– ¡¡No!! -Karlee sacó su teléfono personal- Ahora mismo voy a consultar con mis abogados…
– ¡¡NO!!

Cameron se acercó a ella de un salto, sin pensar en lo que estaba haciendo. Karlee lanzó un grito asustada y se apartó de él. Lo único que quería hacer el Sargento era hablar con ella para convencerla de dejar a sus abogados fuera de ese asunto. Ya había asumido su regreso a Mehra, pero no quería llegar arruinado. Pero lo único que había visto la bióloga era a un soldado mehrano en buenas condiciones físicas que se acercaba a ella de repente. ¿Acaso pensaba que iba a golpearla? Por la cara que había puesto, estaba claro que eso era lo que creía. Cameron se llevó las manos a la cara.

– ¡Mierda! No quería asustarte.

Otra cosa nueva que había descubierto de sí mismo. Era el hombre del saco para cualquier mujer que no fuese de Mehra. Cogió aire y lo expulsó lentamente y con nerviosismo.

– Los abogados no serán necesarios. Mañana volveremos a la Tierra y presentaré mi dimisión. No tendréis que presentar pruebas, ni declarar, ni nada por el estilo. Me iré alegando problemas personales y me deportarán a Mehra. Espero que eso sea suficiente para vosotras -tragó saliva- También me quiero disculpar por todo aquello que os haya ofendido. No era mi intención.
– Hasta que no lo veamos con nuestro propios ojos, no puedo prometer nada -dijo Lilian.
– OK -Cameron asintió- ¿Puedo recuperar mi diario ahora?

Paige se abrazó al cuaderno, pero Hazari se lo arrebató y se lo devolvió a Cameron. Éste asintió y se dirigió hacia la puerta. Antes de salir, se giró para volverlas a mirar.

– Mañana tenemos varias horas libres antes de poder empezar el camino de vuelta. Disfrutad de los comercios de Shutoi y de sus vistas. Haced lo que queráis; pero, a ser posible, perdonadme tener que volveros a ver.

Salió de su propia habitación casi corriendo, justo a tiempo para evitar que viesen cómo unas lágrimas empeñaban su rostro. Aunque no lo suficientemente rápido como para no escuchar sus últimos comentarios.

– ¡Será imbécil! -dijo Karlee- Todavía será culpa nuestra.
– ¿Qué te esperabas? Ha crecido en un planeta donde las mujeres tienen la culpa de todo -bufó Lilian- No pinta nada aquí.

Como no podía seguir aguantándolo, Cameron se puso a correr y se encerró en uno de los cuartos que no estaban siendo ocupados. Esa noche no iba a atreverse a salir de ese escondite. Aunque si se hubiese quedado un poco más, habría terminado de escuchar la conversación.

– No sé qué pensar, chicas -dijo Hazari- ¿Un mehrano se disculparía ante una mujer?
– No te ablandes ahora -criticó Paige- Hoy hemos esquivado una bala. Piensa que venga el líder que venga, no puede ser peor.
– Sólo digo que parecía genuinamente afectado por cómo se ha desarrollado la situación.
– ¡¡No seas pava!! -se enfadó Lilian.
– No, no lo soy. Soy una mujer libre y con pensamiento propio. Si quisiera que me dictaran lo que debo pensar, me iría a vivir a Mehra.
– ¡No discutamos entre nosotras! -pidió Karlee- Hazari, entiendo tu postura. Sólo necesitamos saber si harás piña con nosotras en caso de que tengamos que exponer nuestro caso ante algún General del Ejército.
– Lo haré si me prometéis que diremos la verdad.

Todas aceptaron las condiciones y se fueron a sus respectivos cuartos. Lo recientemente acontecido les había quitado las ganas de cenar a todas…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s