Escritos: Team Perseus – Riddle from Venus (Capítulo 8)

Capítulo 8

Año 4000. Planeta Asweon.

Habían acampado en una llanura cenicienta para pasar la noche. Kakmalem estaba encantado con la aventura, pero Kyros se había pasado varias horas dando vueltas intentando encontrar postura. Syojiss tampoco parecía muy contento con dormir a la intemperie, dejando claro que era su primera vez como guía en Asweon. Con las pocas zonas de aterrizaje con las que contaba el planeta, lo normal era que todos los exploradores acabasen durmiendo en tiendas de campaña.

Ya les quedaba bastante poco para llegar a las coordenadas específicas, por lo que se pusieron en marcha en cuanto se hizo de día. En un par de horas se personarían en el punto donde indicaba el amuleto y se podrían ir de allí. Kyros llevaba consigo una dosis de un soporífero que dejaría a su guía dormido durante varias horas, pero eso era mejor que tener que explicarle lo que realmente estaban haciendo allí. Y que les dejase llevarse lo que fuese que estuviese allí escondido.

Kakmalem y Syojiss se habían hecho amigos casi de inmediato. Al historiador le encantaban las historias de mitología y, al parecer, Asweon era rico en leyendas a pesar de que llevaba deshabitado desde hacía miles de años. Si es que alguna vez lo había estado, cosa en la que los expertos no se ponían de acuerdo. ¿De dónde habían salido todos esos relatos? Kyros no tenía ni idea, pero tampoco se podía decir que hubiese estado interesado en mitología alguna vez en su vida.

– Y así fue como Raugr el Temible derrotó al Gran Dragon. De las entrañas del mismo salió lava y con el tiempo se formó el delta de piedra fundida que se ve a lo lejos -contó Syojiss.
– ¡¡Fascinante!! -Kakmalem no cabía de gozo.
– A la vuelta os contaré el origen de la primera tormenta de ceniza.

Kyros podía vivir perfectamente sin escuchar ni una historia más. El guía no callaba pasase lo que pasase. No importaba si les tocaba subir una encuesta empinada o escalar una pared… Los malditos breahnians rara vez se fatigaban o perdían el aliento. El líder del Team Scorpius acariciaba la dosis de soporífero saboreando el momento de usarla con Syojiss.

Al poco rato, el brazalete de control de Kyros comenzó a pitar indicando que habían llegado a las coordenadas exactas. No era un lugar tan diferente al resto del planeta, pero suponía que los sheel no habrían dejado nada a simple vista. Tendrían que rebuscar por el lugar y, posiblemente, excavar un poco. Hasta que no estuviese seguro del tiempo que les iba a costar, permitiría a Syojiss que les ayudase.

– ¿Que ha sido ese pitido? -preguntó el guía.
– Hemos llegado a nuestro objetivo -dijo Kakmalem mirando a todas partes.
– ¿Nos ayudas a buscar algo en esta zona que parezca estar fuera de lugar? -pidió Kyros.
– Claro, no tengo otra cosa que hacer -dijo el breahnian encogiéndose de hombros- Ayudaría saber qué estoy buscando.
– Si lo supiésemos, te lo diríamos.

Comenzaron a explorar la zona, pero sin alejarse demasiado de las coordenadas indicadas por la memoria escondida dentro del amuleto. Al fin y al cabo, Kyros dudaba que los sheel hubiesen sido inexactos con las coordenadas. Pero había que tener en cuenta la climatología de Asweon y no se podían descartar que alguna tormenta hubiese desplazado varios metros lo que buscaban.

Cerca del lugar, encontraron una cueva cuya entrada había sido bloqueada. Al principio creyeron que habían dado con el escondite, pero el lugar resultó ser muy pequeño y no cabía posibilidad alguna de que allí hubiese algo escondido. A Kyros no le pasó desapercibido que Syojiss estaba cada vez más nervioso y, por lo tanto, hablaba cada vez más. Su guía se estaba comportando de una manera muy extraña y resultaba curioso que no reprochase aquella pérdida de tiempo. Seguro que tenía mejores cosas que hacer que estar removiendo tierra para buscar algo que desconocía. Decidió no apartar su mirada de él.

– Tendremos que escavar en las coordenadas -dijo Kyros mirando de reojo a Syojiss. Éste ni se inmutó- ¿Te supone eso algún problema?
– ¿A mí? ¿Por qué?
– Porque no tenemos permiso y se supone que estás para vigilarnos a la vez que nos guías.
– A la Agencia les dijisteis que eráis geólogos. No me voy a poner tiquismiquis si queréis llevaros un poco de polvo.

Kyros y Kakmalem sacaron una palas plegables de sus respectivas mochilas y comenzaron a escavar. Tras casi media hora peleando con aquel desagradecido terreno, sacaron la conclusión de que no había absolutamente nada. Por algún motivo, no habían llegado al lugar correcto. Pero Xhalen-Dros parecía estar convencido…

– No lo entiendo -dijo Kyros decepcionado.
– ¿Crees que nuestro ingeniero ha estado distraído últimamente? -comentó Kakmalem divertido.

A pesar de que la situación no era en absoluto humorística, Kyros no pudo evitar reírse. En cuanto volviesen a la Scylla tendría que tener una charla con Xhalen-Dros para preguntarle si su ensimismamiento con la Contessa iba a ser un problema. Estaba claro que se había dejado algo a la hora de desencriptar la memoria en sus prisas por pasar más tiempo con ella. Tampoco se iba a enfadar. Prefería que aquellas cosas se quedasen en simples anécdotas.

– Supongo que nos vamos a dar la vuelta -anunció Kyros.
– ¿No hay nada aquí? -dijo Syojiss más aliviado.

El Teniente Coronel no sabía muy bien qué opinar del guía. Estaba claro que escondía algo, pero no parecía un tipo demasiado peligroso. De todas formas, eso era un error común a la hora de juzgar a un breahnian por su complexión. Sus pensamientos tuvieron que alejarse del guía cuando su brazalete comenzó a pitar de nuevo. Lo había conectado al radar de la Scylla para que les avisase de compañía inesperada, pero no había saltado la alarma hasta que la nueva nave estaba prácticamente encima de ellos.

Kyros miró a lo lejos para ver cómo una nave ligera de guerra (típica de la calaña de poca monta de la FCG) salía de una nube de ceniza a pocos kilómetros de donde se encontraban. Era un buen escondite, pues la inestabilidad de esas nubes conseguía engañar a todos los radares. Aunque también era bastante arriesgado, pues las cenizas podían obstruir los motores si no se tenía cuidado. Para desgracia del Team Scorpius, el piloto parecía tener experiencia en esos rodeos.

– ¡Tenemos compañía!

Fue Kyros el que grito ésto al ver que de las entrañas de la nave salían varios vehículos descapotables de transporte individual. Eran similares a motos, pero sin ruedas y capaces de volar. También era obvio el uso de las mismas, pues en aquel terreno era imposible que la nave pudiese aterrizar.

– ¡Avisa a la Scylla! -dijo Kakmalem.

Kyros manipuló su brazalete para hacer eso mismo, pero el sistema de comunicaciones estaba bloqueado. Eso no pintaba nada bien. Miró a Syojiss, el cual se había vuelto a poner nervioso. Pero algo en su forma de comportarse le decía que el origen de su nerviosismo era diferente.

– ¿Ocurre algo, Syojiss?

El guía le miró dubitativo, luego volvió a mirar a los vehículos que descendían y acabo maldiciendo. Sacó un comunicador que tenía escondido en el uniforme y se giró hacia la nave.

– ¡¡Abortad!! Ya os he dado la señal de cancelar la misión. ¡¡No hemos encontrado nada!! Repito… ¡¡No hay nada!!

Nadie respondió al mensaje del supuesto guía.

– ¡¡Mierda!! -exclamó el breahnian.
– ¿Quién eres? -dijo Kyros desenfundando su pistola de energía y apuntando al intruso- Recomiendo honestidad como camino sensible de actuación.
– ¡Ey, ey! -alzó las manos- ¡Estoy desarmado!
– ¡¡Nombre!!
– Vale, vale -bajó los brazos- Me llamo Aeron y esa pistolita no me da miedo. Por si no lo sabes, me regenero rápido.

Kyros dibujó una sonrisa chulesca en su rostro y corrigió su postura hasta que apuntó directamente al cuello de Aeron. Con un gesto de su dedo gordo, subió la potencia del arma al máximo.

– Calculo que tres o cuatro tiros en rápida sucesión en la misma zona serán suficientes para decapitarte.
– ¡¡Vale, vale!! -volvió a alzar las manos- Se supone que los de la NCP sois los buenos del cuento y no hacéis esas cosas.
– Seguro que admiten una excepción. ¿Para qué os ha contratado la FCG?
– Para nada. Siento desilusionarte, pero la FCG no es nuestro cliente para este trabajo.
– ¿Y quién es?
– No es asunto tuyo.

No fue Aeron el que respondió. Sus compañeros ya habían aterrizado y usado una de las rampas laterales para subir hasta donde se encontraban. Iban armados hasta arriba con rifles y lo que parecían cinturones con granadas de diversos tipos. Reconoció el logotipo de sus chaquetas. Pertenecían a un grupo de contrabandistas llamado La Mano de Nadzia, pero no se encontraban entre las mayores preocupaciones de la NCP.

– No había nada -dijo Aeron- Esto no formaba parte del plan.
– Ha habido cambio de planes -dijo el líder del grupo con una sonrisa retorcida- La FCG ha hecho una mejor oferta sin tantas restricciones.
– ¿A qué te refieres?
– Buscad el amuleto y arrojarlos a un río de lava -ordenó el líder ignorando al breahnian.
– ¡Ey, ey, ey! Yo no he firmado para algo así.
– O con nosotros o contra nosotros. Tú eliges.
– Vale, vale -Aeron se rascó la zona de los cuernos- Pero nada de muertes. Son tipos muy razonables y la violencia no será necesaria.

El líder se encogió de hombros y arrojó un rifle a Aeron. También le dio un cinturón como los del resto del grupo. Señaló con un dedo a Kakmalem para indicar que el fieder sería el primero en ser registrado. El breahnian se acercó a él e intentó asegurarle con la mirada de que todo iba a salir bien.

– Sólo queremos el amuleto y nos iremos -dijo Aeron- Nadie tiene por qué salir herido… ¿verdad? -miró al líder de La Mano, pero éste no dijo nada.

Aeron le quitó la mochila al historiador, pero no había ni rastro del amuleto sheel. Dejándola a un lado, volvió a acercarse a él para mirar entre los pliegues de la túnica. Su registro fue exhaustivo y tardó cinco minutos en anunciar que Kakmalem no poseía el codiciado objeto.

– ¿Estás seguro? -preguntó el líder.
– Completamente.
– Bien. Deshaceros del fieder.
– ¿¡QUÉ!? -Aeron puso los ojos como platos- ¡No, no!

Uno de sus compañeros le apartó de un empujón y agarró a Kakmalem de un brazo. Éste se retorció, pero su fuerza no era comparable a la de su rival. Kyros intentó acercarse a él para ayudarle, pero tres tipos enormes de La Mano le apresaron y le impidieron llegar a su objetivo. Suplicó por la vida de su amigo, pero lo único que recibió fueron carcajadas burlonas.

El contrabandista que tenía al historiador se acercó al abismo y, sin pensárselo dos veces, le arrojó por el borde directo a un caudaloso río de lava. Las membranas que los fieder jóvenes tenían bajo los brazos les ayudaban a planear, pero en alguien de la edad de Kakmalem era un mero adorno. Cayó en picado a su muerte sin remedio alguno, ante la estupefacción de Kyros y el propio Aeron.

– Ahora el humano, demonio -el breahnian le fulminó con la mirada ante el insulto, pero varios rifles se alzaron en su dirección- ¡Regístrale!
– Prométeme que no le mataréis.
– Como mucho puedo prometer no matarte a ti si dejas de hacer el idiota. No te confundas, Aeron. Los miembros de La Mano son los únicos amigos que tienes.

El breahnian se quedó mirando al líder, pensando en sus posibilidades. Encogió los hombros derrotado y desvió la mirada al suelo. Suspiró y se giró en dirección a Kyros. Ambos se sostuvieron la mirada durante algunos segundos.

– No te preocupes, chico -dijo Kyros- No mueras por mi culpa. Haz lo que te piden.

Los contrabandistas que sujetaban al líder del Team Scorpius le soltaron, retrocediendo varios pasos sin dejar de apuntar con sus rifles. Aeron se preguntó por qué no le disparaban ya. Era mucho más fácil registrar un cadáver, pero al parecer les gustaba el morbo de la situación. Lo primero que registró fue su mochila, la cual no contenía el amuleto.

Aeron se acercó a Kyros para comenzar a mirar en sus bolsillos, pero no le costó mucho en encontrar el artículo deseado en un compartimento de su chaleco. El breahnian lo cogió con su mano derecha y se giró para enseñárselo a su líder alzando ligeramente la mano. El Teniente Coronel aprovechó ese momento para hacer un par de cosas casi simultáneamente: se abalanzó sobre Aeron, rompiéndole rápidamente la muñeca y recuperando el amuleto, a la vez que con la otra mano agarraba una de las granadas de su cinto y la activaba.

Por suerte, usaban granadas cegadores de diseño básico y a Kyros no le costó reconocerla. Mantuvo la mirada baja para no verse afectado por la explosión y, en el consiguiente caos, agarró su mochila y salió corriendo de allí por una de las rampas laterales. Aunque antes de abandonar el lugar, desenfundó su pistola y disparo a un par de los indefensos contrabandistas. Salió corriendo todo lo rápido que pudo rumbo a la Scylla, aunque tenía varias horas de camino y ninguna posibilidad de alertar al resto de sus compañeros. Así que, pensándolo mejor, se desvió y robó uno de los vehículos en los que habían bajado sus rivales.

Aeron estaba aturdido tanto por el fogonazo de la granada como por la muñeca que tenía rota. Por suerte, ésta última se curaría en unos cinco minutos. A su alrededor, el resto de los contrabandistas de La Mano que seguían con vida comenzaron a ponerse en pie y el líder maldijo al ver que habían perdido a Kyros y al amuleto.

– Ha cogido una de las motos -dijo un contrabandista- En 20 minutos llegará a su nave.
– Supongo que podemos esperar -el líder sacó un dispositivo del bolsillo.
– ¿Qué es eso? -preguntó Aeron.
– Una sorpresa para nuestro amigo -dijo con una mueca que no presagiaba nada bueno.

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Kyros aceleró al máximo el vehículo que había robado. Aunque comúnmente eran llamadas motos, su denominación correcta era speedster y estaban muy extendidos como vehículo atmosférico entre los jóvenes y criminales. Las normas de tráfico permitían conducirlas a una velocidad bastante respetable, pero podían llegar a alcanzar velocidades bastante superiores.

Normalmente no era muy recomendable ir tan rápido, pues corrías el peligro de desestabilizarte por alguna ráfaga de viento. Aunque en aquella ocasión lo peor era la arena y la ceniza que Kyros levantaba a su paso. Estaba volando bajo para no ser detectado, pero ya empezaba a tener abrasiones por tanto rozamiento. Por suerte, la agonía no iba a durar mucho más.

A lo lejos divisó la Scylla. Un par de minutos más y estaría en su nave rumbo a algún lugar seguro donde podría tomar una ducha con tranquilidad. Estaba tan convencido de haber superado esa crisis, que a su cerebro le costó procesar lo que captaron sus ojos. Donde antes estaba su nave, apareció una bola de fuego cegadora seguida por un potente sonido. La Scylla había explotado, deshaciéndose en cientos de pedazos que volaron a gran velocidad hacia todos los lados.

Kyros intentó girar antes de recibir el primer impacto, pero no fue lo suficientemente rápido. Un trozo de metal rozó su speedster haciéndole perder el control. Durante varios kilómetros intentó enderezarse, pero finalmente se estrelló contra el suelo. Aunque ya no iba tan rápido como ante, el impacto fue igualmente digno de olvidar. Se quedó tirando en el suelo con la sensación de que le dolía todo el cuerpo.

Pero nada dolió tanto como asimilar que había perdido a todos los miembros del Team Scorpius en la primera misión en la que participaban. El único consuelo que le quedaba era que todavía poseía el amuleto. Sólo esperaba que su plan de contingencia se pusiese en marcha como esperaba. Intentó luchar contra la oscuridad, pero fue una pelea en vano y se quedó inconsciente.

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