Escritos: Team Perseus – Riddle from Venus (Capítulo 9)

Capítulo 9

Año 4000. Planeta Shutoi.

Cuando el reloj marcó las 9 de la mañana, Cameron decidió que ya iba siendo hora de salir de ese cuarto que ni siquiera le pertenecía. No había dormido nada en absoluto y estaba agotado tanto física como mentalmente. Sin la ayuda de Steenllar, cada vez que cerraba los ojos le asaltaban imágenes de Kagmar y los tenía que volver a abrir. Y cuando los tenía abierto sólo podía pensar en lo que había ocurrido la noche anterior.

Había decidido que la culpa no era ni de ellas ni de él. El principal responsable de esa debacle estaba cómodamente sentado en un sillón en la Tierra: Arthur Yale. El General le había metido en esa encerrona y, viendo que iba a perder su trabajo, no pensaba quedarse callado un segundo más. No sin esfuerzo, se levantó de la cama y pidió a la IA que le conectase con las oficinas centrales del Ejército de la Tierra.

– ¿Alguien en particular?
– El General Yale. Arthur Yale.

La espera se le hizo eterna, lo que acentuó su mal humor. Cuando la cara del General se proyectó sobre la pared, tuvo que reprimir las ganas de pegar un puñetazo a la misma.

– Cameron, hijo. ¿Qué pasa?
– El Team Perseus hace agua. Han descubierto que soy mehrano.
– ¡Oh, vaya! -el General parecía preocupado de verdad- ¿Cómo ha sucedido?
– ¿¿Cómo ha sucedido?? -estalló Cameron- Sueltas a Paige en mi nave y ni siquiera me das la correa para controlarla.

Cameron cerró los ojos cuando su cerebro procesó las estúpidas palabras que habían salido de su boca.

– Lo que quiero decir…
– No sufras, hijo. Conozco de sobra la manera de actuar de la señorita Tinkerson.
– ¿Puedo preguntar por qué ha formado este equipo? Siento que me la ha jugado…
– Es un equipo peculiar, sin duda. Aceptaría sin problemas la culpa, pero yo no fui quien formó el grupo. Es más, desconocía cuál iba a ser su formación cuando le ofrecí el puesto en aquel hospital.
– ¿Quién escogió al resto de la tripulación?
– El Teniente Coronel Dolan. Scorpius y Perseus fueron los dos equipos que formó en su totalidad.
– Salvo yo.
– Salvo usted.
– ¿Por qué yo? Y no me repita el discurso que me dio en la Tierra -el General suspiró.
– Kyros me pidió consejo para el líder del Team Perseus. No sé muy bien por qué, pero quería a alguien que no tuviese demasiados lazos con el entramado político o militar de la NCP. Cuando le rescataron de Kagmar no me lo pensé dos veces y le ofrecí el puesto.
– Creo que me va a explotar la cabeza.
– ¿Cuál era el verdadero motivo de su llamada?
– No me queda más remedio que dimitir, señor. Mi tripulación me odia.
– ¿Es definitivo? -Cameron asintió- Hablaremos más tranquilamente en la Tierra. Tengo entendido que su equipo vuelve hoy, ¿no?
– Sí, la misión en Shutoi ha sido un éxito.

Se despidió del General y pidió a la IA que cortara la comunicación. Si antes entendía poco, en ese momento estaba aún más perdido. Se sentía como un pegote. Un relleno para el Team Perseus porque no quedaba más remedio. El equipo que querían eran las cuatro personas con las que compartía la nave. Él era un simple adorno burocrático. Pero sólo quedaban unas pocas horas para acabar con esa inesperada pesadilla para volver a una con la que ya estaba más familiarizado. Por suerte, no tiró la raíz de noorn a la papelera el día que la Tierra le reclutó…

Intentando no zambullirse demasiado en esos deprimentes pensamientos, decidió ir al comedor a tomar su desayuno. Esperaba que para esa hora ya estuviese desocupado, pues no tenía muchas ganas de lidiar con más drama. Aunque la suerte le había dado totalmente la espalda, ya que Hazari estaba en el lugar llenándose la boca de cereales.

La arqueóloga se abrazó a su bol y se le quedó mirando como si fuese una aparición del Más Allá. Desviaba la mirada a la puerta del comedor como si estuviese calculando lo que le costaría salir de allí. Cameron suspiró y se rascó la cabeza mientras buscaba qué decir.

– Puedes quedarte -fue lo único que consiguió decir.
– ¿Estás bien? -preguntó con la boca llena.
– Como una maldita rosa -espetó más amargamente de lo que quería.

No estaba de humor para mantener una conversación educada. Ni de ningún tipo, en realidad. Sabia que no se había cambiado de ropa, no se había duchado y tenía unas ojeras difíciles de camuflar. Así que su estado anímico tendría que ser bastante obvio. Esa mujer le alteraba dijese lo que dijese… Se acercó al dispensador de comida y pidió su desayuno sin más miramientos. Cogió la bandeja y se sentó enfrente de Hazari. Quedaba claro por su cara que acababa de estropear el desayuno a la arqueóloga.

– ¿Dónde está el resto?
– Aaaaaaahm.
– Mis intenciones son honestas. No pienso molestarlas.
– OK -dejó la cuchara en el bol- Lilian se ha encerrado en la cabina, Paige está trasteando con los droides de limpieza y Karlee se ha ido de compras.
– Bien.
– ¿Bien? -preguntó extrañada.
– Bien, sí.

Cameron engulló lo que le quedaba en la bandeja y se marchó de allí sin despedirse de Hazari. La arqueóloga suspiró aburrida y se concentró en su bol de cereales.

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A Karlee le importaba un comino lo que hubiese dicho Cameron sobre sus perros. Pétalo y Burbuja se merecían dar un buen paseo por Shutoi. Mejor dicho, por el mercado de Shutoi. Había centenares de puestos por todas partes repletos de artículos que sólo era capaz de calificar como divinos. Así que en una mano tenía agarradas las correas de sus perros y en la otra llevaba ya varias bolsas llenas de ropa y baratijas.

Aunque claro, para una Ramsey prácticamente cualquier cosa era una baratija. El dinero no era en absoluto un problema para los miembros de su familia. No importaba si lo gastaba a manos llenas, el negocio del algodón se lo devolvía con intereses. Aunque ya no trabajaba para el Imperio Ramsey, sus padres seguían haciendo a Karlee partícipe de los beneficios.

Sabía que los varios desplantes que había hecho a su familia acabarían afectando a su economía personal, por lo que había iniciado un estricto plan de ahorro. Lo que una persona normal llamaría apretarse el cinturón, para Karlee iba a suponer pedir una langosta menos para el almuerzo o no comprarse zapatos de diseño todos los días. Pero no estaba dispuesta a seguir el juego a su familia.

Se había negado en rotundo a participar en The Cotton Heart, el reality show de la WCT centrado en el Imperio Ramsey. No era que se notase su falta demasiado, pues a la hermana de Karlee le chiflaban las cámaras y hacía tiempo delante de ellas por las dos. Su negativa a participar había supuesto un contrato menos suculento con la WCT, pero no tenía ningún cargo de conciencia. Peor había sido su decisión de abandonar el negocio familiar, pero le resultaba imposible continuar en ese puesto tras lo que había escuchado.

Pensando en su hermana, se acordó de que le debía una llamada. Los teléfonos de cobertura universal eran todavía escandalosamente caros, pero Karlee consideraría en cualquier momento que era una buena inversión. Aunque el suyo había sido un regalo, no le hubiese importado comprarse uno. Buscó el contacto y se llevó el aparato a la oreja.

– ¡Hola, BooBoo! -saludó Karlee cuando su hermana respondió.

Su verdadero nombre era Beaubieur (a día de hoy todavía no sabía qué intentaban conseguir sus padres), pero todo el mundo le llamaba BooBoo por ser incapaces de pronunciar correctamente su nombre. Era la Ramsey perfecta para la WCT: alocada, pija, fiestera y lo suficientemente tonta como para atraer a un montón de público. Se había hecho famosa por arrojar baldes llenos de cubhos en mitad de la calle para ver la reacción de la gente…

– ¡¡Karl!! -la bióloga odiaba ese mote- ¿Dónde estás?
– Ya sabes que no puedo decirte nada.
– ¡Bah! ¿Puedes decirme al menos algo de tus compañeros? ¿Algún buenorro soltero que se muera de ganas por conocerme?

Karlee no pudo evitar reírse. Igual su hermana era un poco inmadura para su edad, pero se mantenía fiel a sí misma. A veces a la bióloga le gustaría tener tan pocas preocupaciones como BooBoo.

– Son todo mujeres, Boo. Menos nuestro supuesto líder.
– ¿Y bien?
– ¿Y bien, qué?
– ¿Buenorro soltero ideal para tu hermanita?
– ¡¡Aaaaaaagh!! Me han dado escalofríos sólo de pensarlo. Es una persona horrenda. Nunca te imaginarías de dónde es, Boo.
– Si me lo dices, no tendré que hacerlo.
– Es algo confidencial…
– Sé guardar un secreto.
– BooBoo…
– Sé guardar un secreto si implica a mi hermana. Los secretos de los demás son fair game, cielo.
– OK -Karlee carraspeó- Es de Mehra -dijo en voz baja para que nadie oyese la conversación.

Su hermana se quedó en silencio durante algo más de un minuto. Tan largo se le hizo, que por un momento pensaba que la conversación se había cortado. Pero finalmente se oyó al otro lado cómo BooBoo soltaba el aire que estaba aguantando.

– ¡¡NO!! ¿Estás engañando a tu BooBoo?
– Ojalá.
– ¡¡OMG!! ¡¡OMG!! -comenzó a gritar su hermana- ¿Ha… hecho algo?
– ¡¡Dios, no!! Que se atreva… Eso sí, es un borde amargado. Pero ya le hemos puesto en su sitio y en nada nos vamos a deshacer de él.
– Mándame un mensaje cuando sepas algo más. Me has dejado mal cuerpo. Cambiemos de tema -BooBoo se puso serie- ¿Cuándo vas a volver al Imperio Ramsey?
– Ya hemos hablado de eso. No pienso hacerlo y menos ahora, que tengo este otro trabajo.
– Pero papá…
– ¡¡Él no es mi padre!!

BooBoo y Karlee compartían la misma madre, pero diferente padre. El padre de la bióloga murió cuando ella era un bebé y su madre se volvió a casar. Aunque su padrastro era la cara más pública del Imperio Ramsey, era su madre la que había puesto ese prestigioso apellido tras su nombre. La relación con el nuevo marido de su madre siempre había sido buena, hasta hacía unos meses cuando Karlee escuchó algo que no tendría que haber escuchado. Algo que no le podía contar a su hermana.

– ¿Qué te ha hecho para que estés tan enfadada con él?
– Es complicado -Karlee seguía paseando por el mercado, prestando poca atención a los artículos expuestos.

Intentó cambiar de rumbo la conversación, cosa que a su hermana no le importó. Aunque sabía que no se iba a olvidar tan fácilmente y, tarde o temprano, volvería al ataque. Pero de momento pudieron hablar de cosas más triviales. Al menos hasta que Karlee escuchó una frase que no esperaba en absoluto oír en aquel planeta.

– Me ha dicho un taulan que ha salido el sol en Kareulami.

Karlee se quedó clavada al suelo al escuchar la primera parte del código que le habían dado semanas antes de embarcarse en el Team Perseus. Estaba tan sorprendida, que se quedó callada y su hermana tuvo que llamar su atención varias veces para sacarla del ensimismamiento.

– Te tengo que dejar. Te quiero, BooBoo -colgó el teléfono a media respuesta de su hermana.
– Me ha dicho un taulan que ha salido el sol en Kareulami -dijo una vez más el supuesto tendero. Era un ruugian bastante joven.
– Seguro que ahora emigran los j’kaeran -respondió terminando el código. El ruugian sonrió satisfecho.
– ¡Saludos, Karlee!
– ¿Y tú eres?
– Un amigo de tus nuevos amigos -hacía referencia a las personas que le habían regalado su nuevo teléfono, no a la tripulación de la Valkyrie.
– ¿Tienes algo para mí?

El falso tendero sacó una dispositivo de almacenamiento de datos y se lo pasó disimuladamente a Karlee. Ésta se lo guardó de inmediato en el bolsillo.

– Sólo puedo decirte que la información que nos proporcionaste está dando sus frutos. Aunque no descartamos que volvamos a necesitar su ayuda.
– ¿Cómo sabíais dónde estaba?
– No hacemos regalos tan generosos en vano… -sonrió.
– ¿Me estáis rastreando? -dijo indignada- Prometí colaboración. ¡Me voy a deshacer de él!
– Yo no lo haría. Mis jefes te consideran demasiado importante. Si no te pueden vigilar, te encerrarán para tenerte siempre a mano. Hay demasiado en juego.
– Me tendría que haber callado.
– Ya… pero la conciencia es una harpía, ¿verdad? ¡Ten un buen día, Karlee!

El ruugian echó la cortina sobre su puesto, dando por finalizada la conversación. El corazón de la bióloga iba a mil por hora, por lo que no pudo evitar dar un bote cuando su comunicador comenzó a sonar. Tenía un mensaje de Paige: “Cabina de la Valkyrie. ASAP”.

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Hazari se había metido por el mercado de Shutoi con la esperanza de encontrarse con Karlee y pasar unas horas haciendo compras juntas, pero aquel lugar era inmenso y no hubo manera de encontrarla. Tampoco estaba prestando demasiada atención, pues estaba distraída con todo lo que había ocurrido en la nave el día anterior. A pesar de lo que pensase Lilian, la arqueóloga no quería restarle culpa a Cameron; sólo quería repartir un poco entre ellas mismas.

El hecho de que se hubiese portado tan mal con su tripulación, no significaba que se tenían que rebajar a su nivel. Tenía entendido que el nivel de un mehrano era muy bajo y, por algún motivo, le costaba creer que Cameron se moviese a ese nivel. Vamos, que entre unas cosas y otras, empezaba a sentirse un poco culpable. Sí, apoyaría en la decisión de expulsarle de la nave (no estaba preparada para peleas constantes); pero tampoco quería que el Sargento se fuese con la idea de que era odiado. Al menos Hazari no lo sentía así. Ella también había sido víctima del fanatismo absurdo y podía reconocer algunos síntomas en el líder del Team Perseus.

Cuando vio una tienda de tecnología, no pudo evitar pararse para ver si tenían reproductores de música. No se le olvidaba la cara que había puesto Cameron cuando Lilian le destrozó el suyo, por lo que supuso que tener uno nuevo le haría ilusión. Antes de que pudiese cambiar de idea, entró en el establecimiento y compró un modelo bastante moderno que el propietario de la tienda no dejaba de alabar. También era el doble de caro que los otros expuestos, así que más le valía funcionar bien.

Pensó que envolverlo para regalo igual era demasiado, así que se lo guardó en la mochila que llevaba y puso rumbo a la Valkyrie viendo que no iba a encontrar a Karlee entre toda esa gente. Una vez en la nave, se dirigió a la Sección C1 y, seguidamente, al cuarto de Cameron. Al principio había pensado dárselo en mano, pero le entró miedo escénico y decidió dejar el reproductor delante de su puerta. La próxima vez que saliese, lo vería.

Se alejó justo a tiempo, pues su comunicador comenzó a pitar para indicar que tenía un mensaje entrante. Paige quería que fuese a la cabina de la Valkyrie lo antes posible.

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Lilian volvió a consultar la hora, haciendo que el nudo de inquietud que tenía en el estómago se apretase aún más. Kyros tendría que haber llamado ya. No era propio de él retrasarse tanto. Aunque en la llamada anterior avisó de que igual tardaba más, la Cadete tenía un mal presentimiento. Encerrada en la cabina, lo único en lo que era capaz de pensar era que algo malo había ocurrido.

Se puso de pie y comenzó a andar de un lado para otro, esperando que así la espera resultase más corta. Pero tras casi dos horas sin noticias de Kyros, no pudo aguantarse más. El mayor problema por el que no podía contactar con él era que no conocía su ubicación. Pero Lilian tenía a alguien bien cerca que era una genio con un ordenador y seguro que alguna idea se le ocurriría.

– ¿Puedes venir a la cabina, Paige? -dijo activando su comunicador.
– Dame cinco minutos.

Fueron los cinco minutos más largos de su vida, pues la sensación de que le había ocurrido algo a Kyros no hacía más que aumentar. Cuando Paige entró por la puerta, la ingeniera se quedó un poco sorprendida ante la palidez de la piloto.

– ¿Ocurre algo?
– Espero que no -resumió un poco lo que pasaba- ¿Puedes localizar la Scylla?
– La NCP nos sigue a todos de cerca. Puedo intentar colarme en su sistema para ver la localización del Team Scorpius.
– Hazlo.
– ¡Qué ansiosas estáis todas por cometer ilegalidades! -a pesar de sus quejas, ya estaba tomando asiento delante del ordenador- Esto puede llevar un buen rato.

En ese “buen rato” Lilian casi se quedó sin uñas. Cuanto más tiempo pasaba, más miedo tenía del resultado final. Estaba cruzando los dedos para que Kyros llamase de un momento a otro y se riese de su ansiedad, pero hasta que eso ocurriese iba a seguir haciendo todo lo posible por encontrarle.

– ¡Estoy dentro! Ha sido demasiado fácil. Necesitan mejorar su seguridad… -Paige manipuló varios hologramas seleccionando información- Voy a proyectar el mapa con el sistema central.

En mitad de la cabina apareció una imagen del Universo conocido. Había varios puntos rojos que representaban los equipos del Proyecto Nebula.

– ¿Cuál es Scorpius?
– Ni idea. Tendremos que ir uno por uno extendiendo información.

Lilian se puso a ello de inmediato, tocando un punto con su dedo índice para hacer zoom y ver información extra: Team Auriga. ¡Siguiente! Team Mensa. Team Cetus. Team Sextans…

– ¡¡Aaaaaaaaaaargh!! -gruñó Lilian- ¿Dónde… -Team Serpens- demonios… -Team Puppis- estás? -Team Scorpius- ¡¡Espera!! ¡¡Lo encontré!!
– ¿Y bien?
– La señal de la nave proviene del planeta Asweon -la piloto se aclaró la voz- Val, inicia preparación preliminar para el salto a Asweon desde la órbita de Shutoi.

Val era el mote que Lilian le había puesto a la IA de la nave. Ésta emitió un pitido de confirmación y el sistema comenzó los cálculos.

– ¿Qué se les ha perdido en ese planeta? Sólo tiene interés turístico y no sé muy bien por qué.
– Esto no me gusta -dijo la piloto- Tengo un mal presentimiento.
– ¿Vas a despegar sin permiso de Cameron?
– No necesito su permiso.
– En realidad, sí que lo necesitas. El brazalete de control le permite anular saltos al hiperespacio.
– ¿Puedes anular su permiso?
– ¿Tienen los gozima pelo en el sobaco? -respondió sarcásticamente- Pero prefiero que no haya más dramas. Avisaré a las chicas y votaremos al respecto.

Lilian quería exponer la opinión que tenía su bota sobre una votación al trasero de Paige, pero se contuvo las ganas por si al final resultaba ser todo una falsa alarma. Veinte minutos después, las cuatro estaba reunidas en la cabina y eran puestas al día con lo que pasaba.

– Estoy con Paige. Si vamos sin el permiso de Cameron, lo único que conseguirás es que sabotee tus intentos de reunirte con Kyros -dijo Karlee.
– Lo mismo opino -comentó Hazari- Pero va a ser difícil convencerlo.
– ¡¡No tenéis sangre en las venas!! -se quejó Lilian dejándose caer sobre uno de los asientos- ¡Vale, jugaremos limpio!
– Va estar la cosa complicada. Está bastante enfadado con nosotras.
– ¡Qué valor tiene! Todavía se hará la víctima…
– Creo que tenemos que disculparnos por haber asaltado su dormitorio. Al fin y al cabo, él se disculpó con nosotras -añadió la arqueóloga. El resto empezó a quejarse a la vez- ¡Ey! El que algo quiere, algo le cuesta.
– ¡¡Estamos perdiendo el tiempo!! -exclamó la piloto- Nos disculpamos y punto. Lo único que me importa es saber que Kyros está bien. Así que… ¿Quién llama al jefe?

Se hizo el silencio en la cabina mientras se miraban las unas a las otras retándose a hacer la llamada. Ninguna de ellas parecía especialmente entusiasmada por ponerse en contacto con Cameron.

– Tendría que ser Hazari. Eres a la única que le cae bien.
– ¡¡No me cae bien!! Sólo intento ser cordial. Y mira para lo que me ha servido… Soy a la que más odia.
– ¡¡Exagerada!! -dijo Karlee.
– Pues entonces llama tú.
– En mi próxima encarnación, cielo.
– ¿Cuántos años tenemos? ¿5? -intervino Lilian.
– Tienes razón. Tú llamas.
– Tampoco hay que precipitarse en tomar una decisión… -reculó la piloto- Hay maneras más fáciles de atraer a Cameron a la cabina. ¡Val, inicia despegue!

La nave vibró y comenzó a elevarse. Si eso no atraía al Sargento a la cabina para pedir explicaciones, no sabían qué podría hacerlo.

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Cameron llevaba todo el día encerrado en su dormitorio por miedo a encontrarse con su tripulación. Hasta que no llegase el momento de volver a la Tierra, no pensaba personarse en ningún otro lugar. La única actividad que había conseguido alejar sus pensamientos de la zona oscura de su mente era la lectura, pero no estaba disfrutando del libro.

Estaba a punto de rendirse e intentar dormir un par de horas, cuando el brazalete de control le informó que la nave había iniciado el despegue. La única ventaja que le veía a tener que abandonar su puesto era que se iba a librar de las constantes notificaciones de ese maldito aparato. Le daba la impresión de que pitaba hasta cuando alguien tiraba de la cadena…

En cualquier otro momento le hubiese molestado un despegue no autorizado, pero ese día había decidido a ignorar cualquier tipo de insubordinación. Aunque eso no quitaba que estuviese preocupado por el adelanto en los horarios. ¿Había pasado algo? Suspiró resignado, levantándose de la cama y poniéndose la chaqueta del uniforme dispuesto a salir a averiguar lo que ocurría. No tenía ni pizca de ganas.

Al salir de la habitación, dio sin querer una patada a algo que estaba en el suelo. Frunció el ceño al ver la caja del reproductor, pero se agachó a recogerla de todos modos. En su interior había un reproductor totalmente nuevo, más pequeño, ligero y con pantalla holográfica proyectada. Cameron no quería aceptarlo. No debía aceptarlo. Sin embargo, la perspectiva de pasar otra noche en vela le hizo cambiar de opinión. Antes de abandonar su cuarto, conectó el aparato a la UniRed y se descargó varios álbumes de Steenllar.

Sin más demoras, fue directamente a la cabina de la Valkyrie para ver si había algún problema. Se sorprendió al ver que estaban las cuatro allí. Lilian parecía impaciente, Paige tamborileaba con los dedos sobre su ordenador, Karlee le miraba como si fuese el mal encarnado y Hazari se miraba las manos. Esperaba que eso no fuese otra sesión de “Vamos a insultar a Cameron”.

– ¿Ocurre algo? -preguntó lo más tranquilamente que pudo.

Nadie respondió. Se miraban mutuamente para ver quién era la primera en hablar. Cameron se cruzó de brazos y se apoyó en el marco de la puerta. Cuanto más cerca estuviese de la salida, mejor.

– Sí, pero antes… -Lilian apretó los dientes- Por mi parte, quiero pedir perdón por haber asaltado tu cuarto y haber roto tu reproductor.

Cameron suponía que un poco más de sinceridad en su voz no hubiese dolido, pero a caballo regalado… Una disculpa de Lilian era lo último que se esperaba. Más sorprendente aún fue el hecho de que las otras tres se unieran a ella.

– Gracias -era lo único que supo decir.
– Eso no descarta que estemos tremendamente preocupadas por tener un mehrano en esta nave y que nuestros planes para sacarte de aquí se hayan cancelado -añadió Karlee. Hazari le dio un codazo- Sólo quería dejar eso claro.
– No sufras. Ya he planteado mi dimisión al General Yale -Cameron carraspeó- ¿A qué se ha debido este acto tan emotivo?

Cameron se arrepintió del tono irónico con el que lo dijo, pero no había nacido hacía dos días y sabía que algo querían. Estaban intentando mejorar su humor para que estuviese más abierto a sus propuestas. Y si habían tenido que llegar a ese nivel, fijo que no era nada que le fuese a gustar.

– ¡No somos unas brujas retorcidas! -se quejó Paige- Aunque necesitamos tu permiso para desviarnos del camino.
– ¿Desviarnos? ¿No sois vosotras las más interesadas en llegar cuanto antes a la Tierra?
– Creemos que el Team Scorpius está en apuros. Al menos su líder, Kyros Dolan -dijo Lilian.
– ¡Ah… Kyros! -dijo Cameron pensativo recordando la posible relación de Lilian con él- ¿Y a qué se debe esa sospecha?
– Tendría que haber llamado ya. Hemos intentado contactar con ellos, pero no responden. Ni siquiera contesta la IA de la Scylla.
– ¿Cómo sabíais adónde tenías que llamar? -preguntó frunciendo el ceño.
– Sí, sí… Es lo que piensas -gruñó Paige- He hackeado uno de los sistemas de la NCP.
– ¿Consideras que no llamar es un comportamiento extraño para Kyros? -dijo volviéndose a Lilian.
– Sí, y por eso tenemos que ir a Asweon.
– OK.
– Y que sepas que te pido permiso por pura educación… -se aceleró la piloto.
– He dicho que vale.
– …porque en realidad no lo necesitamos…
– Y yo he dicho que lo tienes.
– …así que si no…
– ¡¡Lilian!! -exclamaron todos a la vez.
– ¡Vale! Pero llevaba media hora preparando el discurso. Al menos podría haber tenido la decencia de comportarse como el cavernícola que es y haberse negado -tomó aire- Gracias -dijo en voz baja entre dientes.
– Ya se que creéis que soy una especie de monstruo, pero jamás negaría mi ayuda si algunos de vuestros amigos estuviese en peligro.

Todas clavaron la mirada al suelo, salvo Lilian, que ya había iniciado los procedimientos para poder efectuar el salto a Asweon. Cameron no sabía si considerar lo que acababa de pasar como un paso hacia delante o qué, pero agradecía que no hubiesen acabado a gritos intercambiando insultos. Aunque el día contaba todavía con muchas horas…

– Estaré en mi camarote intentando averiguar cuál era la misión del Team Scorpius -dijo Cameron- Avisadme cuando lleguemos a Asweon, por favor.

Esperó a que al menos una de ellas asintiera, tras lo cual se giró y dio una zancada hacia la salida. Antes de abandonar del todo el lugar, volvió la cabeza para hacer un último comentario.

– Gracias por el reproductor.

Dicho lo cual, salió de la cabina prácticamente corriendo. Hazari agachó aún más la cabeza, como intentado plegarse sobre sí misma para ver si pasaba desapercibida. Desgraciadamente, había demasiada gente con ella.

– ¡Te has puesto roja! -exclamó Karlee divertida.
– ¡No es cierto! -pero la cara le ardía aún más.
– ¿A qué se refería con el reproductor? -preguntó Paige- ¿Qué has hecho, Hazari?
– Intentar ser simpática.
– ¿Por qué? No es que se lo merezca… -añadió Lilian.
– Mis razones tengo. No le deis más importancia de lo que en verdad tiene.

Sus compañeras parecían haberse conformado con la respuesta, pues no presionaron más con ese asunto. Un minuto después, la Valkyrie saltó rumbo a Asweon.

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