Escritos: Team Perseus – Riddle from Venus (Capítulo 10)

Capítulo 10

Año 4000. Planeta Asweon.

Kyros no sabía el tiempo que se había quedado inconsciente y tampoco estaba familiarizado con las posiciones del sol en ese planeta como para hacerse una idea. Lo que sí sabía era que había perdido a todo su equipo, a su nave y, si no hacía algo pronto, la esperanza de salir de allí ileso. No dudaba que La Mano le estuviese dando caza, por lo que no se podía permitir el lujo de darse un descanso.

Se levantó, sintiendo un pequeño mareo al sentir un punzante dolor en su pierna. Era casi un milagro que sólo tuviese roto un hueso (información ofrecida por uno de los servicios de su brazalete de control), pero no podría moverse demasiado así. La mochila se había rasgado durante la explosión, pero el kit médico seguía en su interior. Una pena que no pudiese decir lo mismo de sus raciones de comida. Sacó un inyector de nanorobots y se administró una dosis en la pierna. No se curaría de inmediato, pero sí que le permitiría recuperar movilidad suficiente como para no ser un objetivo fácil.

Si La Mano quería el amuleto, se lo tendrían que quitar a su cadáver. No pensaba ponérselo fácil. Si él caía, consigo caerían todos los contrabandistas que pudiese. Kyros no había llegado a Teniente Coronel por ser una sonrisa bonita en la WCT. Sus enemigos solían menospreciar sus habilidades justo antes de ser derrotados. Aunque en aquella ocasión, la diferencia numérica no presagiaba nada bueno para su lado de la balanza.

Echó un vistazo a los alrededores, buscando un buen lugar en donde esperar la pelea. Si conseguía sorprender a sus enemigos, podría empezar a mejorar sus perspectivas de éxito. Buscó un lugar para esconderse desde el que tuviese una buena visión del terreno. Una vez posicionado, sacó su pistola a la que le incorporó una mirilla de francotirador. Se llevaría por delante unos cuantos antes de ser localizado.

De vez en cuando, se movía de su escondite para evitar estar entumecido cuando empezase la acción. La primera señal de problemas llegó en forma de un constante zumbido que cada vez era más intenso: speedsters. Kyros tomó aire, corrigiendo su postura y apoyando la pistola en una roca para tener más estabilidad. Por la mirilla vio que unos ocho vehículos se acercaban a su posición con rapidez. Dos de ellos iban más adelantados y no tardarían en estar a tiro. Si conseguía ser certero, con un sólo disparo podría derribar a esas dos a la vez.

Sus enemigos estaban bien equipados y tenían buenas armas y transportes, pero eran contrabandistas. No tenían mucha experiencia en combate real y estaban ciegos ante los puntos débiles de su formación. Las dos motos que iban en cabeza estaban volando muy cerca la una de la otra. Si con un disparo conseguía desviar la de la izquierda, arrastraría sin remedio a su compañero. Viendo que era el mejor plan que se le iba a ocurrir en tan poco tiempo, apuntó su pistola a la moto elegida y acarició el gatillo. El disparo dio exactamente donde quería, haciendo que la speedster cambiase de dirección bruscamente y se estrellase contra la que estaba al lado. Dos menos.

El grupo que iba más rezago se abrió de inmediato para así esquivar posibles tiros y se perdió por la orografía del lugar. Lo más probable era que aterrizasen dentro de poco y buscasen a pie al francotirador. Con un poco de suerte, irían apareciendo por su zona de uno en uno y los podría ir despachando sin despeinarse demasiado.

No tardó en escuchar las primeras botas aplastando alguna acumulación de ceniza, no molestándose demasiado en ser sutiles en su acercamiento. Viendo la sombra que proyectaba su enemigo, salió rodando de su escondite y, antes de que pudiese reaccionar, le disparó en el hombre. El contrabandista gruñó de dolor, cayéndose al suelo y perdiendo de paso su rifle. Kyros se puso de pie, se refugió tras una pared y siguió apuntando al ver que venía más gente. Esta vez eran Aeron y el líder de La Mano. Su ex – guía no parecía nada contento por tener que estar allí, pero eso no iba a detener la mano del líder del Team Scorpius. Se asomó lo justo para apuntar y no ser visto, pero antes de que pudiese hacer nada, un fuego abrasador le golpeó en la mano que empuñaba su arma.

Su mano y su pistola quedaron inservibles. Al parecer, ellos también contaban con algún francotirador en sus filas. Kyros gritó por el dolor y acabó delatando su posición. El líder contrabandista se rió, alzando su rifle y haciendo una señal a Aeron.

– ¡Registra sus bolsillos! -le ordenó- Y no cuentes con que esta vez vayas a escapar tan fácilmente -dijo dirigiéndose a Kyros.

Le hubiese gustado poder replicar ese comentario con alguna bravuconería, pero la verdad era que sus opciones se habían mermado hasta alcanzar un punto de no retorno. ¿Había fallado su Plan B? Tal vez no tendría que haber dejado tantas cosas al azar, pero estaba convencido de que conocía al detalle lo que haría Lilian si Kyros no llamaba a tiempo. ¿Con qué se había entretenido? ¿O es que la relación que había entre ellos no era tan importante como creía?

Sabía que aquellos pensamientos eran los típicos de un condenado. Que en realidad no había sido abandonado y que todo tendría una buena explicación. Lo malo era que empezaba a dudar de que algún día pudiese escucharla. Justo cuando alzó los brazos para rendirse, una sombra les cubrió. Una sombra demasiado grande como para ser de un speedster… Kyros no pudo evitar sonreír. Lilian nunca le fallaba.

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En cuanto la Valkyrie salió al espacio real cerca del planta Asweon, el brazalete de control de Cameron le avisó con un pitido. Estuvo tentado a esperar en su camarote para ver si su tripulación le llamaba o no, pero decidió que no tenía tiempo para tonterías y se dirigió a la cabina. Sus cuatro compañeras ya estaban allí reunidas, expectantes por saber si el presentimiento de Lilian tenía alguna base real o no.

– ¿No tendría que haber naves de la NCP controlando el planeta? -preguntó Paige.
– Se pasan una vez cada varias semanas -respondió Lilian a la vez que manipulaba varios controles.
– ¿Has realizado un escaneo de la zona? -dijo Cameron dirigiéndose a la piloto.
– Estoy en ello.

Si había alguna nave en el planeta, no tardaría en aparecer en el monitor. Una vez finalizado el barrido, el sistema indicaba que había una nave en la atmósfera del planeta. Aunque su identificación no correspondía con una nave de la NCP. Si Cameron no se equivocaba, era un modelo bastante frecuente entre contrabandistas, mercenarios y esclavistas. Ninguna opción le gustaba.

– ¿Se ha ido ya la Scylla? -Hazari parecía decepcionada.
– No tiene ningún sentido -dijo Lilian entristecida- Si Kyros está bien, me hubiese llamado hace tiempo.
– Creo que tenemos un problema.

Ese comentario lo dijo Paige y no se refería a la nave sospechosa que había detectado el radar. La ingeniera había vuelto a proyectar el holograma que había adquirido de manera ilegal. La información estaba actualizada y la Scylla seguía apareciendo en la superficie de Asweon.

– ¿Cómo es posible que no la detectemos? -preguntó Karlee.
– ¡Oh, mierda! -exclamó Lilian.

Cameron se puso nervioso al ver lágrimas en el rostro de la piloto. La explicación era bastante sencilla. El radar no detectaba la nave porque no había nave que detectar. En cambio, su indestructible “caja negra” seguía emitiendo su posición a la NCP. Lo más curioso era que esa baliza no hubiese advertido de problemas con la Scylla. El Sargento explicó esos detalles a Hazari y Karlee, las únicas que los desconocían.

– Lo siento mucho, Lilian -dijo la arqueóloga.
– Voy a bajar -dijo la piloto decidida.
– ¡No tan rápido!

Cameron intervino antes de que la Cadete pudiese comenzar el descenso, pues consideraba que tenían que planear mínimamente lo que iban a hacer antes de lanzarse a lo desconocido. Lilian le dedicó una mirada furiosa, pero el líder del Team Pereus alzó las manos para indicar que le dejase continuar.

– Vamos a bajar -aseguró Cameron para tranquilizarla- Pero esa otra nave que hemos detectado no es un mero adorno. La Valkyrie se va a quedar donde está. Utilizaremos uno de los transportes que hay en el hangar de la nave. Iremos tú, yo y la Doctora Ramsey.
– ¿Por qué yo? -la bióloga parecía asustada.
– Porque eres la única con entrenamiento médico y puede haber heridos. Así que prepara lo que necesites. En diez minutos bajamos a la superficie.

Lilian asintió, abandonando la cabina de inmediato y yendo a la armería a coger un rifle. Cameron hizo lo mismo, pero prefirió enfundarse una pistola a cada lado. Era ambidextro, siendo capaz de disparar perfectamente con cualquiera de sus manos. Siempre le habían gustado más las armas pequeñas, prefiriendo la rapidez que ofrecían ante la pesadez y lentitud de los rifles.

En el hangar de la Valkyrie había dos naves de pequeño tamaño que podían llevar como mucho a siete u ocho personas. Aunque estaban pensadas como vehículos de transporte, contaban también con un buen sistema defensivo y ofensivo. A pesar de todo, sería preferible que no hubiese demasiados problemas en Asweon. Mucho se temía que ni esa nave ni sus compañeras estaban realmente preparadas para un combate serio.

Lilian y Cameron fueron los primeros en llegar, teniendo que esperar a Karlee un par de minutos. La bióloga apareció con una bandolera colgada al hombro con el símbolo Universal de la medicina. Esperaba que no llegasen demasiado tarde para rescatar al Team Scorpius, pero no tenían manera alguna de saber cuándo la “caja negra” había dejado de emitir desde la Scylla a emitir desde un montón de escombros. Sin más demora, se acomodaron en la cabina del transporte más cercano.

– Abrocharos los cinturones -pidió Lilian- Voy a pisar a fondo el acelerador.

Cameron quería quejarse de tal temeridad, pero se contuvo al ver la cara de su piloto. Era una mezcla de preocupación, determinación y terror con la que no sabía muy bien cómo lidiar. Lo que sí tenía claro era que interrumpir a la Cadete no sería muy buena idea. No pudo evitar sentir envidia de Kyros. El Sargento no tenía a nadie que se molestase tanto por él.

– Intenta mantenerte alejada de la otra nave -pidió Cameron.
– ¡¡No soy nueva en esto!! -se enfadó Lilian.
– Siento decírtelo, pero lo eres. El simulador no cuenta.
– No es tan diferente… -la piloto suspiró- Gracias por el aviso, de todas formas.

Sin querer ahondar más en el tema, Cameron señaló con el dedo una zona en la que los sistemas de la nave detectaban movimiento. Se toparon con un grupo de unos cuatro contrabandistas, a los que Lilian disparó sin miramiento alguno. Pero no había apuntado para matar, simplemente para asustarles. Pareció funcionar, porque corrieron hacia unas speedsters. Tras montarse, volaron hacia la nave que les esperaba.

– ¡¡Allí!! -gritó Karlee señalando a un desfiladero.

La bióloga había localizado a Kyros justo a tiempo para ver cómo un francotirador le abrasaba la mano. Desgraciadamente, los sistemas de la nave te permitían ver de cerca cosas que aún estaban lejos; por lo que todavía les quedaba un buen trecho para ir al rescate del líder del Team Scorpius. Lilian maldijo obscenamente a la persona que había herido a su amante y estrujó al máximo la capacidad del transporte en el que iban para adquirir más velocidad.

La nave alcanzó su destino para ver cómo Kyros alzaba las manos y se preparaba para ser registrado por Aeron. Aprovechando que la inesperada aparición de ayuda había distraído a sus rivales, el Teniente Coronel atacó al breahnian para desarmarle. Ensimismado en su triunfo, se había olvidado del francotirador. Antes de que pudiese celebrar una victoria, un rayo láser el golpeó en todo el pecho y cayó derribado al suelo.

– ¡¡NO!! -gritó Lilian a la vez que disparaba una ráfaga hacia la dirección donde estaba el francotirador.

Aterrizó la nave de golpe, recorriendo en un parpadeo los pocos metros que quedaban hasta el suelo. Karlee gritó asustada cuando la nave botó agresivamente sobre el terreno, pero Cameron ya se estaba desabrochando los cinturones de seguridad y encaminándose hacia la salida. Lilian le iba pisando los talones.

Cameron desenfundó ambas pistolas a la vez que salía de la nave. En cuanto vio al líder de los contrabandistas acercándose a Kyros, no dudó en disparar a sus pies para espantarle. Éste se quedó parado en el sitio, alzando su rifle y preguntándose quién sería más rápido de los dos.

– ¡No lo hagas! -pidió Cameron.

El líder de La Mano gruño, pataleó y se quedó mirando el cuerpo de Kyros. Lilian había salido corriendo de la nave y estaba arrodillada al lado de él. Las lágrimas eran cada vez más obvias en su rostro.

– ¡Mierda! -exclamó el líder contrabandista bajando el rifle- ¡Vámonos! -dijo alzando del suelo a Aeron.

Salieron corriendo del lugar, dejando a Cameron con la duda de si debía darles caza o ver el estado de Kyros. Decantándose por eso otro, se acercó a la pareja para ver cuál era su estado. Todavía seguía vivo, pero el asunto no pintaba demasiado bien. El líder del Team Scorpius se llevó una mano temblorosa a uno de sus bolsillos para sacar un amuleto del tamaño de la palma de su mano. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, se lo dio a Lilian.

– ¿Qué es esto? -preguntó ella.
– Sheel… -le costaba mucho hablar- …pistas… artefacto peligroso… -tosió- Encuéntralo… úsalo -se le cerraron los ojos.
– ¡¡Kyros!! -Lilian le agitó y recuperó la conciencia.
– No te fíes de nadie… Sólo Perseus… -escupió más sangre- Te quiero -se le volvieron a cerrar los ojos.
– ¡¡Mueve el culo, Karlee!! -gritó hacia la nave.

La bióloga no tardó en aparecer, pero al ver el estado de Kyros empalideció. La medicina había avanzado mucho, pero Asweon no contaba con ningún tipo de hospital ni la Valkyrie disponía de un gran equipamiento médico.

– ¡¡Haz algo!!
– Lilian…
– ¡¡HAZ ALGO!! -exigió la piloto agarrando a Karlee por el brazo.
– ¡¡Vale, vale!! -se retorció hasta soltarse.

Karlee sacó un inyector de nanorobots regeneradores. Eran bastante efectivos con heridas más pequeñas, pero la de Kyros estaba lejos de serlo. Sabía que era una acción en vano, pues había numerosos estudiosos sobre la eficacia de esa tecnología con humanos en heridas tan grandes. Aunque tenía que intentarlo sólo por dejar más tranquila a Lilian. Le inyectó una dosis en la zona a tratar y se quedaron mirando.

– ¿Por qué no funciona? -dijo la piloto.
– Me temo que ya es demasiado tarde -intervino Cameron. Lilian le lanzó una mirada llena de odio.
– ¡¡Cállate!! Karlee… -suplicó.
– Supongo que podemos darle otra dosis.

Pero no importaba cuántas dosis le dieran. Kyros estaba muerto y éso era algo que ningún nanorobot podía regenerar. Lilian finalmente aceptó la derrota y se echó a llorar sobre el cuerpo del Teniente Coronel.

Cameron se alejó un poco para concederles cierta intimidad, pero sobre todo porque la nave de los contrabandistas todavía no se había ido. ¿Seguían estando en peligro? El Sargento se acercó al borde del barranco, para ver si veía algún movimiento. Justo en ese momento, una speedster pasó a su altura rumbo a la nave. Los de La Mano estaban huyendo del planeta. Era una pena, pues le hubiese gustado poder interrogar a alguno de ellos.

Buscó el punto de partida de la moto que acababa de pasar, viendo a lo lejos como los dos contrabandistas que habían espantado del cuerpo de Kyros corrían hacia sus transportes. Uno era el líder. El otro era ese joven breahnian que parecía querer que se le tragase la tierra. Ambos pasarían por delante de él rumbo a la nave, pero mucho temía que dispararlos no serviría de nada. Aunque recordó un detalle que igual le ayudaba…

– Karlee -llamó la atención de la bióloga- Los breahnian se regeneran con facilidad, ¿verdad?
– Siempre que no les cortes la cabeza, claro. ¿Por qué?
– Sólo quería asegurarme.

Cameron ignoró el ceño fruncido de Karlee y volvió a asomarse al borde. Las speedsters no pasarían a mucha velocidad a su altura, por lo que su idea igual no era tan alocada como parecía. Calculó rápidamente cuánto tardarían en alcanzar su posición y retrocedió varios metros para coger impulso. Para horror de la bióloga, el Sargento comenzó a coger carrerilla en dirección al borde del desfiladero. Un par de zancadas antes de llegar a su destino, la moto del líder pasó por delante. Aeron estaría a punto de aparecer.

Nunca mejor dicho, Cameron realizó un salto de fe. La adrenalina estaba siendo bombeada por todo su cuerpo y no le costó ignorar el grito de Karlee cuando le vio saltar a la nada. Pero ante de que se diese cuenta, su cuerpo se empotró contra el de Aeron y ambos salieron despedidos hacia delante. No sin esfuerzo, Cameron consiguió poner al breahnian como su escudo personal justo cuando golpeaban la pared contraria del desfiladero. El impacto fue terrible, pero lo peor se lo llevó el pobre contrabandista que escupió sangre por la boca.

Cameron iba todo lo encogido que podía, pues Aeron era bastante pequeño y le cubría a duras penas. Aún así, se las ingenió para usarlo como su particular trineo por la pared en cuesta hasta llegar finalmente al suelo. Le dolía todo el cuerpo y tenía varias heridas, pero no era nada comparable con el aspecto del breahnian.

Aeron había perdido un brazo, una pierna le colgaba de un poco de tejido y la otra la tenía en carne viva. Media cara estaba desfigurada y, por la sangre que escupía, varios de sus órganos internos habían sido dañados. Pero su cabeza estaba perfectamente colocada entre sus hombros, así que no había nada de lo que preocuparse. Eso sí, sus gemidos de dolor eran épicos y eso que ya había comenzado a regenerarse. Era un espectáculo un poco grotesco, pero a la vez altamente educativo. Karlee apareció corriendo, claramente sofocada por el esfuerzo y todavía en shock por lo que había visto.

– ¡¡Mantén a ese loco lejos de mí!! -gritó Aeron.

Karlee echó un rápido vistazo al breahnian, pero enseguida se dio cuenta de que no tenía ninguna herida urgente. En menos de cinco minutos estaría en mejor estado que el líder del Team Perseus. Sacó otra dosis de nanorobots regeneradores y se la inyectó a Cameron. Éste gimió cuando comenzó a hacer efecto.

– ¡¡Te podrías haber matado!! ¿En qué estabas pensando?

Estaba pensando en que le daba absolutamente igual vivir o morir. Le parecía más placentero tirarse al vacío que volver a su planeta natal. Pero no dijo nada de eso a Karlee, pues estaba convencido de que jamás lo entendería.

– ¡Haberle derribado de un disparo!
– Eso dejaba demasiado al azar.
– ¡¡Está loco!! ¡¡LOCO!! -volvió a gritar Aeron.

Claro que había pensado en dispararle, pero visto lo rápido que se regeneraba el breahnian había tomado la decisión correcta. De esa manera no tendrían que gastar a saber cuánto tiempo en darle caza por la superficie del planeta. Aunque usando los sistemas de la nave…

Le tendría que haber disparado… -pensó Cameron dándose cuenta de su propia estupidez.

Cameron tanteó sus piernas para ver si eran capaces de sostener su peso. De pie fue capaz de ponerse, pero a la hora de dar el primer paso trastabilló hacia delante. Para su sorpresa, Karlee le ayudó a sujetarse de pie y a acercarse hasta Aeron.

– Tengo unas electrobridas en el cinturón. Átale las manos a la espalda.

Y en efecto eran las manos, pues el breahnian ya había regenerado la articulación perdida y quedaban pocas heridas visibles. Un poco más y podría salir corriendo de allí.

– Los pies también. No debe escapar.

Karlee ayudó a Cameron a sentarse en el suelo e hizo lo que había pedido. Aeron gruñó, pataleó y maldijo todo lo que se movía; pero en ningún momento se puso violento con ella. Contactaron con Lilian mediante el comunicador y acordaron que bajase a recogerlos con la nave. No tenían ni idea de qué había pasado ni qué tenía de especial el amuleto que le había costado la vida a tantas personas en Asweon. Pero al menos contaban con un prisionero para responder a algunas de esas preguntas. Y si algo había aprendido Cameron en Kagmar, era a hacer hablar a sus enemigos.

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